El envejecimiento, “el factor de riesgo más importante que afecta a la mortalidad, parece seguir oculto en la niebla”, , un texto publicado en la revista y comentado en . Un trabajo que firman 82 de los participantes y en el que reconocen que ninguna terapia concreta se ha mostrado contundentemente útil en humanos. Y donde, un poco después, : “Al hablar de la biología del envejecimiento con colegas, asumimos que nos estamos refiriendo al mismo proceso, pero claramente no es así”. ¿Un tema tan importante carece siquiera de definición?
“Es un trabajo que busca agitar el campo, pero viene de un afán por autoflagelarse. Claro que hay matices, pero existe un enorme consenso sobre el envejecimiento”, afirma , investigador líder en el laboratorio de Senescencia celular, cáncer y envejecimiento del CNB-CSIC del CiMUS de la Universidad de Santiago de Compostela. , profesora de la Universidad de Lleida, científica del Instituto de Investigación Biomédica de Lleida y vocal de ciencias biológicas en la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), dice sentirse “sorprendida” con los resultados, porque “más o menos todos los que trabajamos en ello lo explicamos de forma similar”. Sin embargo, para , geriatra y vicepresidente de la propia SEGG, aunque “existe consenso en que el envejecimiento puede estudiarse experimentalmente, la ambigüedad que muestra el trabajo puede dificultar la investigación y fragmentar la financiación de proyectos al no haber una hoja de ruta común”.
Más allá de la existencia de un consenso y de su importancia, un paseo por las preguntas y respuestas de la encuesta es también un paseo por la complejidad del envejecimiento y de su ciencia, por su estado actual, por las peculiaridades del y por la posibilidad de un debate sobre las oportunidades y quizá las rémoras que brindan la filosofía o su posible “exceso”.
¿Y qué lo provoca? “Conocemos muchos factores que influyen en el envejecimiento, pero el porqué último no lo sabemos”, reconoce Jové. Para Collado, “son muchas causas que acaban dando lugar a un desequilibrio general”. En la encuesta, la respuesta mayoritaria, también en alrededor del 30% de los casos, tenía que ver con la acumulación de daños. Otras, sin embargo, se referían a cuestiones evolutivas, a factores moleculares o más generales… Y seis personas contestaron de forma parecida a Jové, con un más o menos escueto: “No lo sé”. Para los autores, esta falta de consenso en la definición y en las causas del envejecimiento “indicaría claramente diferentes estrategias y objetivos de investigación”, y de ahí concluyen que “lograr un entendimiento más unificado podría favorecer el avance en el campo”.
Esa aparente falta de consenso viene de lejos. Ya la anticipó en 2020 un equipo de investigadores canadienses, que fue incluso más allá, negando la posibilidad de que una palabra pudiera definirlo. “Tenemos una palabra para referirnos al envejecimiento, por lo que asumimos que la ciencia nos dará la razón y nos proporcionará un fenómeno que se ajuste a nuestra palabra. Y, en un sentido coloquial, sin duda es así: nadie puede dudar de que nos vemos envejecer a nosotros mismos, a nuestros familiares y a nuestros amigos. Pero, ¿este uso coloquial está justificado científicamente? ¿Existe realmente una “cosa” o un fenómeno que podamos llamar envejecimiento?“, se preguntaron los autores, encabezados por el biólogo , en un artículo titulado “”.
Su argumento remite a la pregunta que Julieta le hace a Romeo: “¿Qué hay en un nombre? Tú eres tú, aunque seas un Montesco”. O como escribía el poeta Aníbal Nuñez, llevándolo al extremo: “Para ser río, al río le sobra el nombre”. El lenguaje, o al menos una palabra general, puede ser insuficiente para contener todos los matices, conocidos o desconocidos, pero a la vez y, en este caso, de un área tan compleja de investigación. Habría que añadir al envejecimiento para saber a qué nos referimos en cada momento. Al final de su artículo, los autores canadienses redoblan al máximo su apuesta, y cierran diciendo que “a medida que el campo avanza hacia posibles terapias antienvejecimiento, un gran número de vidas humanas pueden depender de saber plenamente qué estamos midiendo y cuáles son los riesgos de equivocarnos”.
Collado, sin embargo, reduce la angustia. “Casi cualquier proceso biológico general es difícil de definir, pero sabemos que el lenguaje no es la traslación exacta del mundo. Ahora mismo no supone un límite actual al avance”. De hecho, invierte la carga de responsabilidad: “Lo que necesitamos son nuevos conocimientos que nos permitan ir reconfigurando ese lenguaje”.
Para medir el envejecimiento en investigación existen una serie de marcadores aproximativos, algunos de ellos conocidos como . Si una persona deja de fumar y sus marcadores mejoran, ¿se considera por ello que ha rejuvenecido? También estuvo lejos el consenso entre las cinco posibles respuestas. La puntilla vino con esta pregunta: ¿Es necesario que haya un consenso en la definición de envejecimiento? Algo más del 50% dijeron que sí; casi la mitad dijeron que no o que no lo tenían claro.
Dos de los autores que el consenso no existía, pero que era necesario para mejorar la credibilidad del campo y para evitar dar espacio a anuncios de terapias pseudocientíficas. Collado, sin embargo, se desmarca de esta visión y le da la vuelta: “Un replanteamiento exagerado genera desconfianza y permite que la pseudociencia cale”. El debate no está muy lejos del que puede seguirse a partir de las siguientes . Einstein: “La perspicacia filosófica permite la distinción entre un mero artesano o especialista y un verdadero explorador de la verdad”. Feynman: “La filosofía de la ciencia es tan útil para los científicos como la ornitología para las aves”. Para Collado, algo más moderado, “es positivo analizar y replantear los temas, pero en este caso no está repercutiendo gravemente el avance y sí puede tener consecuencias negativas”.
Se conocen que han conseguido alargar la vida de ratones en laboratorios, así como de diversos . Algunas de las más comentadas o estudiadas son el empleo de fármacos como la metformina o la rapamicina, el uso de senolíticos que eliminan células senescentes, la mediante los llamados factores de Yamanaka o medidas como la restricción calórica, el simple hecho de comer menos. Sin embargo, como escriben los autores del trabajo, “ningún tratamiento ha probado ser efectivo para ralentizar o revertir el proceso de envejecimiento en humanos”. Para Collado, que admite esa realidad, “la restricción calórica es quizá el más cercano y reconocido, pero hay esperanzas fundadas puestas en varios de ellos”.
El artículo atribuye parte de la responsabilidad a la falta de consenso en el campo. Collado lo niega. “El envejecimiento es un problema muy complejo cuyo estudio es muy reciente. De hecho, hasta casi los años 80 se consideraba algo imposible de alterar. Sin embargo, en los últimos 10-20 años se han conocido y la forma de actuar sobre ellos”, expone. Hasta 12 , según un artículo de referencia firmado, entre otros, por los investigadores españoles Carlos López Otín, María Blasco y Manuel Serrano.
El congreso al que acudieron quienes contestaron en el estudio era más científico que puramente clínico, y apenas se habló de enfermedades. Más de la mitad de quienes contestaron eran jefes de laboratorio o investigadores postdoctorales, casi una cuarta parte preparaba el doctorado y un 13% acudió procedente de la industria. En ningún momento se mencionan los hábitos saludables, que sí han mostrado claramente sus efectos frente al envejecimiento. Ni de los determinantes sociales. “En estos tiempos en que la longevidad se vende a veces como una promesa envuelta en humo, no podemos ignorar la importancia de los determinantes de la salud en ninguna etapa de la vida”, recuerda Pérez-Castejón. “Puede que pese , como bien saben nuestros compañeros especialistas en atención familiar y comunitaria”, añade.
Y una pregunta al hilo de los hábitos. ¿Son capaces de “alargar la vida” o lo que hacen es maximizar lo que la naturaleza “permite”? ¿Hay un límite biológico para nuestra existencia? “No hay nada en nuestro ADN que diga exactamente el máximo que podemos vivir”, responde Collado. “La longevidad máxima registrada es de unos 122 años. Por cómo convergen esos casos, parece que cerca de ahí estaría la máxima edad teórica”, opina Jové.
Pérez-Castejón lo tiene claro: “Los geriatras y gerontólogos no somos antienvejecimiento, somos de la idea de proenvejecer bien”. Desde el despacho de Jové se escucha que el objetivo es “morir de viejos, no de enfermos”. De lo que se trata es de “envejecer mejor de forma saludable”. Ahora que muchos multimillonarios parecen obsesionados con la vida eterna en la Tierra, esto decía el escritor Santiago Alba Rico : “Los ricos y poderosos quieren vivir para siempre, los pobres quieren llegar a vivir algún día”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
