De conocerse en vacaciones a una relación duradera: así arraigan las amistades de verano | Vive Saludable

De conocerse en vacaciones a una relación duradera: así arraigan las amistades de verano

De conocerse en vacaciones a una relación duradera: así arraigan las amistades de verano

Los amigos que se van haciendo a lo largo del tiempo pueden tener orígenes muy diferentes: están aquellos de toda la vida, que se han alimentado durante la niñez, adolescencia y adultez, tras haber compartido tiempo en el colegio, el barrio, el pueblo o algún equipo deportivo; otros ya aparecen en etapas más adultas, como la universidad, un Erasmus o el trabajo. Y también están aquellos que nacieron de un evento efímero pero se han mantenido en el tiempo, cuya primera toma de contacto fue, por ejemplo, , una fiesta o un campamento de verano. ¿Por qué la relación de unos días basta para forjar una amistad duradera?

“A veces, podemos conocer a una persona en un momento o lugar concreto y, casi sin esperarlo, descubrimos que coincidimos en muchos aspectos, como la forma de pensar, las aficiones, el ritmo de vida o la manera de disfrutar”, explica Nuria Latorre, psicóloga sanitaria del . “Esa coincidencia puede y de conexión intensa aunque nos conozcamos hace pocos días. Esto se explica por el sentido de pertenencia, es decir, la necesidad que tenemos las personas de sentirnos parte de una comunidad”, continúa.

Este tipo de contextos suelen coincidir con el aumento de probabilidades de crear conexiones humanas: “Es común que, al salirnos de nuestra rutina y entorno habitual, dejemos de regular nuestro comportamiento según lo que los demás esperan de nosotros. Ese autocontrol no es necesariamente negativo, sino que nos ayuda a adaptarnos socialmente, pero también puede limitar nuestra espontaneidad”, apunta, por su parte, Javier Corral, y psicólogo conductual-contextual. Pero advierte: “Hay que distinguir entre impacto inicial y un conocimiento a largo plazo. Una relación breve puede ser muy significativa y generar unas expectativas idílicas a futuro, pero todavía no hemos tenido una experiencia directa de ver cómo funcionamos con esa persona frente a la rutina, el conflicto, decepción o distancia. La confianza es algo que se genera mediante la interacción en el día a día y, para eso, el tiempo es algo innegociable”.

Existe, por tanto, una diferencia entre una conexión real y la simple idealización de un momento excepcional, pero no son necesariamente opuestas o incompatibles: “Una conexión puede ser real y, al mismo tiempo, estar parcialmente idealizada. La emoción que sentimos puede hacer generar suposiciones sobre la otra persona que todavía no hemos comprobado”, desarrolla Corral. “La cuestión importante es: ¿Qué parte de esa experiencia pertenece a la relación como tal y cuál depende más del contexto? Si más allá de ese momento somos y seguir relacionándonos, podremos aumentar las posibilidades de que exista una conexión sólida a futuro”, añade.

Para algunas personas, estas amistades espontáneas pueden ocupar un lugar muy importante en el ecosistema social, más que aquellas que se conocen de toda la vida o se han forjado a fuego lento. Aunque la definición de “significativa” puede variar según cómo se mire. Para Latorre, es importante diferenciar entre la “tribu del momento” y una amistad que se construye y se mantiene en el tiempo: “La primera aparece cuando encontramos a personas con las que encajamos especialmente bien en un contexto determinado. Pero una amistad no depende tanto de coincidir en un momento concreto. Una conexión intensa y rápida puede ser muy real, pero eso no significa necesariamente que vaya a convertirse en una amistad para toda la vida”.

Es una opinión que también comparte Corral: “Que la relación haya sido intensa en un determinado contexto no garantiza que continúe. Si queremos que la relación se mantenga, es importante crear nuevas condiciones para seguir relacionándonos”. Para el psicólogo, para que la relación siga viva debe haber también un interés recíproco, un cuidado hacia el vínculo, nuevas experiencias, fomentar los intereses compartidos, desarrollar la capacidad de adaptarse a la distancia y saber responder hacia las dificultades.

Según un estudio publicado en , construir una amistad requiere una inversión considerable de tiempo: los investigadores estimaron que hacen falta aproximadamente entre 40 y 60 horas compartidas para pasar de conocidos a amigos casuales, entre 80 y 100 para que esa relación pueda considerarse una amistad y más de 200 para alcanzar una amistad cercana. Sin embargo, señala que la mayor cercanía se produce a través de actividades de ocio conjuntas o de mantener conversaciones significativas en lugar de pasar tiempo juntos por obligación.

Otro análisis publicado en indica que las amistades adultas se relacionan positivamente con el bienestar, pero no parece importar únicamente la cantidad de amigos. La calidad de esas relaciones y el tiempo dedicado a socializar con ellos son los factores que mejor predicen el bienestar. También influye sentirse apoyado, percibir que uno importa para sus amigos o esforzarse por mantener el vínculo.

Para conseguir que una amistad que germinó de un contexto específico se mantenga y crezca en el tiempo, a pesar de una posible distancia, Latorre aconseja varios puntos: “Una amistad a distancia puede ser difícil de mantener porque desaparecen muchas de las situaciones cotidianas que antes facilitaban el encuentro. Por ejemplo, si ya no es posible verse una semana en un festival, en otro momento, hacer una llamada con cierta frecuencia o simplemente aceptar que habrá etapas con menos contacto sin que implique dejar de estar presentes”.

Y reitera la idea de las tribus del momento: “Lo importante es compartir y estar presentes con cada una de las que aparecen en la vida, y que luego podamos diferenciar si se quedó en ese contexto o es alguien con quien podemos sentirnos bien, respetar nuestras necesidades cambiantes y sostenernos cuando el momento que nos unió se acabó”.

*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.