Desde que salieron al mercado, y el resto de los , han ido jugando con la delgadez como solución a todo. Lo que surgió como un fármaco que sería de ayuda para personas afectadas por y cuyo efecto secundario es la pérdida de peso, a través de la modulación del apetito, se ha convertido en la panacea aspiracional a la delgadez. ¿En una sociedad tremendamente gordófoba quién no quiere estar más delgado? Ahora es posible, estás solo a unos pinchazos de ello.
Lo que seguro que no es una enfermedad infecciosa que se propague por contagio, y por lo que podría crear una pandemia a nivel global. Es curioso que, habiendo pasado una pandemia real hace cinco años, la covid, se permitan estas licencias lingüísticas. El lenguaje nunca es inocente, y saben que si usan términos que puedan asustar a la población el efecto es mayor.
Ni es una pandemia, ni es una epidemia, ni es una enfermedad infecciosa. Nada de esto importa, si la función es atemorizar a la población. Otra de las causas por la que se permiten conductas poco éticas con el abordaje del sobrepeso y la obesidad es el gran negocio y beneficio económico que supone.
No hay que dejar de lado la campaña que ha hecho el laboratorio Novo Nordisk en la televisión y en marquesinas de ciudades de España, con carteles tan alentadores como . Y con un anuncio en la televisión mostrando a una chica gorda, de la que en principio de su salud no sabemos nada, solo que pesa más de lo que “debería” según el famoso IMC, y que finalmente asume que está enferma, es obesa, y por fin “habla sin filtros”.
Lo que queda sin filtros es su : por el mero hecho de que sea gorda, le presuponen enfermedad. Yo me pregunto, aunque así lo fuera, esté gorda y enferma de lo que sea, ¿se les puede obligar a medicarse?
¿Se vería con los mismos ojos si el anuncio fuera dedicado a enfermos de cáncer, por ejemplo? ¿Veríamos vallas publicitarias con el eslogan “el cáncer mata”? ¿Estigmatizaríamos a quien lo padece? La respuesta es no. Con el sobrepeso y la obesidad se permiten muchas licencias, por más que esté demostrado que el estigma de peso causa mucho daño.
El trato desigual a las personas gordas hace que dejen de asistir a las consultas médicas porque ante cualquier dolencia recibirán una prescripción de dieta. De esta manera se les niega el tratamiento que se le ofrecería de primeras a una persona delgada. Esto, señores, es una negligencia médica.
Es llamativo cómo se insiste en que no se abuse de los antibióticos para evitar cepas resistentes, mientras que, por otro lado, (Ozempic, Wegovy, Rybelsus) a personas sin diabetes, solo por su peso. Esto ocurre a pesar de que ya se han documentado efectos secundarios serios y emergentes, como una forma rara de ceguera, conocida como neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica (NAION).
La Agencia Europea del Medicamento (EMA) concluyó en junio de 2025 que existe una asociación plausible entre el uso de semaglutida y un mayor riesgo de desarrollar esta forma rara de ceguera: aproximadamente una persona por cada 10.000 al año podría verse afectada. Estudios recientes respaldan esta alerta: por ejemplo, un gran estudio en Dinamarca encontró que la semaglutida puede duplicar el riesgo de NAION en pacientes con diabetes tipo 2, y hasta aumentarlo hasta 7 veces en personas con sobrepeso u obesidad.
Esto refuerza lo señalado por fuentes independientes como : ni Ozempic ni la semaglutida han sido evaluados como tratamiento de pérdida de peso en personas sanas, y únicamente se han estudiado perfiles de seguridad, no eficacia, en pacientes sin patología metabólica.
Convertir la delgadez en un objetivo médico, sin patología de base, supone no solo exponer a personas sanas a riesgos graves, sino también convertirla en un privilegio económico: solo quienes pueden costear tratamientos tan caros acceden a ellos.
Esto refuerza la idea de que la delgadez es sinónimo de estatus y perpetúa una jerarquía corporal donde las personas más gordas quedan marginadas, no por salud, sino por clase. Al final, ser delgado se convierte en y profundiza las divisiones sociales.
Es una sección sobre alimentación basada en evidencias científicas y en el conocimiento contrastado por especialistas. Comer es mucho más que un placer y una necesidad: la dieta y los hábitos alimenticios son ahora mismo el factor de salud pública que más puede ayudarnos a prevenir numerosas enfermedades, desde muchos tipos de cáncer hasta la diabetes. Un equipo de dietistas-nutricionistas nos ayudará a conocer mejor la importancia de la alimentación y a derribar, gracias a la ciencia, los mitos que nos llevan a comer mal.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
