En el momento en el que vivimos una experiencia, el cerebro registra el acontecimiento según lo que recibe a través de los sentidos. Pero la memoria humana no guarda el suceso como una copia fiel de lo sucedido, sino que . Al evocar de nuevo un recuerdo del pasado, el cerebro lo reconstruye a través de fragmentos de imágenes, emociones y nuestra propia interpretación de los hechos, transformados además por el paso del tiempo, para crear una nueva versión de lo ocurrido.
“La memoria humana no es un registro fiel de lo que vimos ni de lo que ocurrió. . Es una recreación que la mente hace a partir de asociaciones en la que, cada vez que recuerdas algo, las neuronas vuelven a recordar ese escenario”, explica Jesús Molero, director de y @psisuki en redes sociales, con . Para él, la memoria no está en ningún sitio, sino que, cada vez que se recuerda, se vuelve a generar.
Uno de los factores más relevantes en la subjetividad de los recuerdos es la importancia de las emociones, sensaciones o significados que le damos a esas escenas: “Un mismo suceso se puede recordar de manera muy diferente dependiendo de cómo se pudieron sentir distintas personas en ese momento y las sensaciones que les trae el recordar esas imágenes”, indica Beatriz Martínez, psicóloga sanitaria y directora de .
Otra de las razones de la recreación de recuerdos es que el cerebro odia los recuerdos vacíos y , según añade la psicóloga: “Cuando lo recordamos por primera vez, lo hacemos de manera mucho más nítida, como por ejemplo una cena con un amigo en un restaurante, la comida, los sabores o las conversaciones. Según pasa el tiempo, hay información que se va perdiendo”. Es la zona del cerebro que se encarga de registrar las imágenes, olores y detalles, es decir, información más objetiva. Sin embargo, con el tiempo, esa información se va perdiendo porque el hipocampo no puede retenerla tanto tiempo, pero sí permanece un concepto más emocional. “La memoria no es solo un dato objetivo, sino que está reconstruida e influenciada por nuestros valores personales, identidad, emociones y gustos”, desarrolla Martínez, y pone de ejemplo la , para hablar de la memoria reconstructiva y los recuerdos que volvemos a imaginar según “las diferentes versiones de nosotros que somos a lo largo del tiempo”.
Molero también ensalza la importancia de las emociones en los falsos recuerdos: “La memoria es adaptativa. El cerebro los reconstruye según lo que en ese momento puedas necesitar a nivel adaptativo. Te está intentando llevar a esa zona de control, protección y volver a lo conocido, así como evitar la incertidumbre y el rechazo”. Asimismo, el psicólogo explica que la memoria funciona por reconsolidación, por lo que cada vez que recordamos esta se modifica un poco más según la situación presente.
“Una de las memorias más potentes es aquella . La memoria funciona por asociaciones. Las neuronas asocian momentos con imágenes, emociones y sensaciones. Las emociones, por un papel evolutivo, son las que más capacidad tienen para hacernos recordar”, continúa Molero, e indica que las personas más emocionales van a tender a recordar mejor eventos en general: “No sería descabellado decir que la emocionalidad de la persona puede ser un factor que interactúe con base en la importancia de las emociones”, apunta.
Según un estudio publicado en , las emociones pueden alterar qué partes de un acontecimiento recuerda una persona y cuáles olvida. Y un informe publicado en de Nature indica que la formación de falsos recuerdos está relacionada con distintos sistemas de memoria: aquellas personas con mayores capacidades de memoria semántica (relacionada con el uso del conocimiento previo y con quedarse con la idea general de lo aprendido) tienden a generar más recuerdos falsos, mientras que una memoria episódica más fuerte (relacionada con recordar con más precisión lo que se ha vivido o estudiado) reduce esos errores.
El cerebro sufre cada vez que encuentra huecos vacíos en algún recuerdo, y busca la manera de rellenarlos: “Los falsos recuerdos existen. La imaginación es una herramienta que nos ayuda a completar esa información que falta y que se genera de distintas formas, como factores externos”, indica la psicóloga. “Hay veces que imaginamos de forma repetida algo que pasó, como , pero ves imágenes de ese lugar y te imaginas ahí de pequeña tantas veces que tienes un falso recuerdo. En busca de la propia coherencia, la mente mezcla cosas que son reales con esa parte imaginada”, sostiene.
En el campo de los falsos recuerdos también destaca el papel de las interferencias: “Si a una persona se le ha hecho creer mucho en algo o se le ha hablado mucho o ha pensado mucho, es fácil que con el tiempo mezcle y que haya interferencias entre realidad y ficción. Pero también puede ocurrir entre realidades, es decir, que muchas veces cogemos dos experiencias y las mezclamos”, apunta Molero.
El hecho de creer que algo fue de una manera, pero en realidad fue de otra a la que se recuerda, puede perjudicar a : “Los recuerdos sí que nos afectan, pero no nos determinan. Nuestra identidad es una narrativa que hemos creado según comentarios que nos han dicho. El problema no está en tener recuerdos de uno u otro tipo, sino en la manera en la que nos relacionamos con ellos”, defiende Martínez. “La fusión es la manera en la que las personas nos podemos identificar con recuerdos o emociones que sentimos. No podemos cambiar los recuerdos, pero sí cambiar la manera en la que nos relacionamos con ellos, que han derivado en ideas sobre nosotros mismos”, añade.
“Una de las grandes funcionalidades que tienen los falsos recuerdos es mantener la identidad de las personas, y por eso se modifican según el contexto que se está viviendo”, resume Molero. El psicólogo también define el principio de congruencia, según el cual las personas queremos tener una identidad congruente y estable: “Gran parte de la función que tiene la modificación de recuerdos es una función adaptativa, y esta tiene que ver con la identidad, la congruencia y el sentirnos cómodos”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
