En casi todos los botiquines de España hay tiritas, paracetamol y algún antiinflamatorio. , además, en estas fechas no suelen faltar los antihistamínicos. Y muchas veces, sepultadas bajo cajas y cajas de otros medicamentos, reposan las pastillas sobrantes del antibiótico que el médico recetó al último miembro de la familia víctima de una infección. La escena tiene algo de hogareña, pero también de aterradora si se tiene en cuenta que el mal uso de los antibióticos genera superbacterias, esos seres microscópicos inmunes a la mayoría de los fármacos disponibles . “Los antibióticos sobrantes en los hogares facilitan la automedicación y esta favorece las resistencias bacterianas porque los medicamentos se usan sin indicación médica, en dosis incorrectas y por tiempo inadecuado”, defiende un documento de la .
Este organismo, dependiente del Ministerio de Sanidad, ultima ahora una medida drástica para hacer frente al problema: eliminar de las farmacias las cajas más grandes de muchos de los antibióticos más vendidos, aquellas que contienen más pastillas o sobres de los necesarios para completar los tratamientos recetados por los médicos. “Este desajuste entre formatos comerciales y pautas terapéuticas constituye un factor determinante en la generación de antibióticos sobrantes, lo que ”, puede leerse en el documento que expone la necesidad de adoptar la decisión y al que ha tenido acceso EL PAÍS.
Un caso destacado es el de la amoxicilina, y que está indicado para infecciones respiratorias y dentales, entre otras. Serán retiradas del mercado todas las presentaciones de 30 dosis, de las que actualmente se venden 5,01 millones al año con la molécula sola y otras 3,5 millones en combinación con el ácido clavulánico, según los datos ofrecidos por la consultora especializada en el sector farmacéutico IQVIA (ver gráfico). En su lugar, se promoverá el uso de las cajas de 20 dosis.
En total, serán eliminados del mercado una quincena de formatos, pero si se tiene en cuenta la existencia de presentaciones en comprimidos, cápsulas, sobres y en suspensión oral, además de todas las marcas y fabricantes, en la práctica la medida provocará la desaparición de cientos de medicamentos de las estanterías de las farmacias, lo que equivale a unas ventas globales de casi 10 millones de cajas anuales que pasarán a ofrecerse en formatos más reducidos.
Además de las amoxicilinas de 30 pastillas o sobres, también serán retiradas las cajas de 40 dosis de fenoximetilpenicilina y cloxacilina, usados principalmente para hacer frente a algunas infecciones respiratorias. Igualmente, dejarán de venderse las presentaciones de 20 unidades de cefuroxima (infecciones respiratorias, de la piel y urinarias), de 21 de cefixima (otitis, cistitis, bronquitis...). Por último, también serán retiradas dos presentaciones de fosfomicina, un antibiótico muy utilizado en las infecciones urinarias: la caja de dos dosis de 3 gramos (solo hace falta una dosis) y la de 12 de 500 miligramos.
Un ejemplo que pone este experto es el de la neumonía adquirida en comunidad (no en pacientes hospitalizados con respiración asistida): “Cuando yo estudiaba, el tratamiento indicado era de 14 días. Los ensayos ahora han demostrado que, con siete días, es suficiente y, en algunos casos, incluso pueden ser aún más reducidos”.
El documento de la AEMPS destaca que “en los últimos 10 años se ha generado nueva evidencia científica sobre la duración óptima de los tratamientos”, lo que ha hecho que algunos formatos “hayan quedado obsoletos”. La nueva evidencia, sigue el texto, “respalda el acortamiento de los tratamientos con antibióticos, lo que ha sido incorporado a la Guía terapéutica del Sistema Nacional de Salud”, que deben seguir los profesionales de la sanidad pública.
Una primera razón es que, “aunque esta opción puede aportar ventajas clínicas, también implica un aumento del uso de papel y plástico para el envasado, lo que podría repercutir negativamente en el medio ambiente y debería considerarse cuidadosamente su huella ecológica”.
Lo más importante, sin embargo, es que el sistema de unidosis necesitaría “reformas de gran calado en la regulación y el modelo de prestación farmacéutica financiada” por la sanidad pública. Una de las cosas que deberían hacerse, por ejemplo, sería “rediseñar los sistemas de prescripción y receta oficial del Sistema Nacional de Salud”. El cambio, entre muchas otras medidas, “también implicaría reconfigurar el modelo de financiación y aportación del usuario” al comprar los medicamentos en las farmacias, “actualmente regulado sobre la base del precio por envase completo y porcentajes de copago vinculados a la renta y situación del paciente”.
“Por último, y no por ello menos importante”, concluye el documento de la AEMPS para descartar por ahora la medida, “el tránsito a un sistema de unidosis requeriría cambios culturales y organizativos en todos los agentes implicados, desde los profesionales prescriptores, farmacéuticos, pacientes y las propias administraciones sanitarias”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
