El dolor incapacitante empezó cuando tenía apenas 11 años. “Fue con mi primera menstruación”, relata Calíope Campo, de 29 años. Aquel día debía irse de excursión con su clase del colegio, pero en cambio se quedó en su cama, sin poder levantarse, llorando sin parar. Cuando su madre la llevó a urgencias, la respuesta de los médicos fue la misma que han escuchado miles de niñas y mujeres durante años: que se trataba de un “” y que era normal. Así que le dieron un antiinflamatorio y la mandaron de vuelta a su casa. El diagnóstico de endometriosis no llegaría hasta 2024, 15 años más tarde, cuando intentó quedarse embarazada.
Se calcula que esta patología crónica e inflamatoria, en la que un tejido similar al endometrio crece fuera del útero, afecta a alrededor del 10% de . Esto equivale a unos 190 millones de féminas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En España, distintas estimaciones sitúan la cifra por encima del millón. Su prevalencia se sitúa al nivel de otras enfermedades crónicas conocidas, como la o la hipertensión arterial, aunque su impacto social y sanitario sigue siendo mucho menos visible.
Uno de los mayores obstáculos que enfrentan las pacientes con esta dolencia es el tiempo de detección. “Las estadísticas indican que se tarda una media de siete años en diagnosticarla”, indica Elisa Gil Arribas, ginecóloga en IVI y secretaria general de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Una de las razones principales es la persistencia de ideas erróneas en torno a la menstruación. “La regla puede ser incómoda y desagradable, pero no dolorosa. Cuando una mujer consulta a un ginecólogo por dolor menstrual, se deben encender las alarmas y poner en marcha los mecanismos necesarios para detectarla correctamente”, señala.
Diagnosticar la de forma temprana es clave para frenar su progresión y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen. Entre los síntomas más habituales se encuentran el dolor pélvico crónico, las molestias durante las relaciones sexuales, así como al orinar o defecar. Además, las pacientes pueden experimentar fatiga extrema, migrañas, dolor en la zona lumbar, hinchazón abdominal, náuseas, trastornos intestinales y dificultades para comer o digerir. También puede tener consecuencias profundas en la salud reproductiva de la persona afectada. De hecho, se trata de “una de las patologías más frecuentes en las consultas de ”, afirma Gil Arribas.
Campo lo sufrió en carne propia. “En mi caso, como vieron toda mi sintomatología y las lesiones que tenía en los ovarios, consideraron que de forma natural no iba a ser viable. En aquella época solo tenía 27 años, pero me dijeron que iba a ser muy difícil lograr un embarazo por mis propios medios”, recuerda.
Su historia es la de tantas otras mujeres que han vivido experiencias parecidas. A Marta Benayas, de 37 años, le diagnosticaron endometriosis a la edad de 21, después de 10 años de “reglas terribles” que en su casa se consideraban normales porque su abuela y su madre también las habían sufrido, rememora. Tras cumplir sus 28, le detectaron una , por lo que, para poder quedar embarazada, tuvo que someterse a varios tratamientos de reproducción asistida.
“En esta vivencia he pasado un poco por todo: la experiencia de los tratamientos que no funcionan, del aborto, el nacimiento de mi primer hijo, la muerte de mi segundo una semana después de nacer, tras nacer prematuro extremo en la semana 24. Aun así, me considero afortunada porque logré ser madre gracias a una ”, cuenta. Gil Arribas dice que cerca del 30%-40% de las mujeres con endometriosis tendrán esterilidad, y también será la causa principal de al menos el 30% de las que padecen infertilidad. “En los centros de reproducción asistida, “en torno al 10% de los ciclos realizados tienen como indicación principal esta patología”, añade.
Por ello, la especialista cree que informar y sensibilizar a la ciudadanía y, especialmente, a las mujeres, es clave para que acudan a los profesionales ante cualquier sospecha, lo que permite adelantar el diagnóstico y facilitar, cuando sea necesario, el acceso a , incluida la preservación de óvulos; algo que, en el caso de Benayas, nunca sucedió. “Nadie me dijo que podía congelar óvulos cuando me operaron por endometriosis con 21 años”, se lamenta.
Para evitar que casos como el de ella se repitan, en los últimos años la preservación de la fertilidad se ha convertido en una recomendación cada vez más habitual en el abordaje de esta dolencia. También en el ámbito del , los especialistas han comenzado a apostar por enfoques más conservadores. Un estudio liderado por Dexeus Mujer ha comparado la quistectomía convencional –cirugía que consiste en la extirpación del quiste ovárico junto con parte del tejido sano del ovario– con la ablación mediante energía de plasma, una técnica menos invasiva que permite eliminar el tejido afectado reduciendo al mínimo el daño sobre el ovario sano.
Los resultados, publicados en Reproductive Biomedicine Online, muestran una preservación significativamente mayor de la reserva ovárica con la energía de plasma, un factor determinante para la fertilidad futura. “La adopción de esta técnica en la práctica clínica está ya ampliamente extendida en otros países europeos. En España, sin embargo, su uso aún no es generalizado, pese a que otros estudios apuntan en la misma dirección. Conviene y a la comunidad médica de que ese es el camino”, subraya Pere Barri Soldevila, responsable de la Unidad de Endometriosis de Dexeus Mujer.
Para la especialista del IVI, otro gran reto es avanzar en los métodos diagnósticos, que hoy por hoy se basan en la sospecha clínica y en pruebas de imagen (ecografía y la resonancia). En esto trabaja Analuce Canha Gouveia, profesora e investigadora en el Departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Cantabria y miembro de Gynetools, firma dedicada al desarrollo de soluciones innovadoras en el área de la salud ginecológica y reproductiva: “Hay varias líneas de investigación. Una de las principales es la búsqueda de o mínimamente invasivos que permitan mejorar el diagnóstico y el seguimiento de la enfermedad”.
Canha Gouveia y el equipo de investigadores de Gynetools están desarrollando un dispositivo mínimamente invasivo llamado Dufic, diseñado para recoger fluido uterino y obtener muestras del microambiente endometrial sin recurrir a procedimientos como la biopsia, que pueden resultar dolorosos y acarrean riesgos. El proyecto, que ha recibido financiación del programa (150.000 en fase 2 y 500.000 en fase 3), así como de la Fundación Séneca y el INFO, busca identificar biomarcadores útiles que podrían facilitar diagnósticos más cómodos y reproducibles en esta patología.
“El dispositivo está en una fase avanzada de desarrollo preclínico y validación tecnológica”, detalla. Existen, a su vez, otras iniciativas, como el sistema WomEC, desarrollado en el, capaz de detectar de forma precoz el cáncer de endometrio con una precisión cercana al 90% gracias al análisis de biomarcadores proteicos en fluido uterino.
El equipo de Incliva ha desarrollado nuevos experimentos basados en la generación de tejido endometrial en roedores para acelerar . “Los tratamientos que tenemos son hormonales y actúan de forma indirecta. Gracias a estos experimentos, espero que dentro de cuatro o cinco años tengamos medicamentos más específicos”, augura Gómez.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
