Elisa Gil Arribas, ginecóloga: “El gran mito de la medicina reproductiva es que todo lo puede y no es así” | Vive Saludable

Elisa Gil Arribas, ginecóloga: “El gran mito de la medicina reproductiva es que todo lo puede y no es así”

Elisa Gil Arribas, ginecóloga: “El gran mito de la medicina reproductiva es que todo lo puede y no es así”

En su casi medio siglo de historia, ha traído al mundo más de 15 millones de niños. Técnicas como la fecundación in vitro (FIV) y la inseminación artificial, la congelación de ovocitos y la donación de gametos (óvulos y espermatozoides) tratan cada día de para dar vida más allá de las limitaciones biológicas. Y lo logran. Aunque habitan socialmente en una eterna ambivalencia.

La medicina reproductiva se ha convertido, en palabras de Elisa Gil Arribas, presidenta de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), en “parte de la solución al invierno demográfico”. Pero también ha despertado controversias y profundos debates éticos. Como las trabas en la accesibilidad (el sector está dominado por la sanidad privada) o en ocasiones exageradas, que se han generado alrededor de estas técnicas.

Pregunta. ¿Somos más estériles que nunca?

Respuesta. Siempre ha habido dificultades de embarazo; es muy natural. Pero nos encontramos en un: las mujeres nos estamos incorporando muy tarde a la maternidad y la causa más frecuente de infertilidad es la edad materna.

P. Siempre se pone por delante la edad avanzada de la mujer, pero ¿y ?

R. Es cierto que la calidad seminal en los últimos años. ¿A qué se debe? No lo tenemos muy claro porque ha bajado en todos los países del mundo, no solo en los que estamos estresados, llenos de disruptores endocrinos y de humo.

P. ¿Hay factores ambientales que influyen?

R. Hay mucha literatura sobre que y ovocitaria estarían comprometidas por el ambiente estresante que tenemos alrededor: los disruptores endocrinos, la contaminación, el estrés propio del día a día… Los contaminantes ambientales no nos ayudan, pero un hipercuidado y dietas antioxidantes, estas cosas tan exageradas, tampoco son la solución para que mejore la fertilidad. Es que no se corrige con estos pequeños cambios.

P. ¿Hay muchas recetas mágicas para la infertilidad?

R. Hay mucha charlatanería. Nuestra disciplina no mata a nadie y hay mucha desinformación porque todo el mundo se erige en portavoz de remedios milagrosos. Y la esterilidad no se corrige por tomar más aguacate o hacer no sé qué. Tenemos que luchar contra eso. No hay soluciones milagrosas.

P. En el imaginario colectivo se ha implantado la reproducción asistida como la panacea ante problemas reproductivos. Pero el éxito de estas técnicas es limitado: de media, un 33% en la FIV y en la inseminación artificial, algo más del 10%.

R. No es lo mismo hacer un tratamiento con 45 años que con 35. No tiene nada que ver el pronóstico. Con 35 años, una FIV tiene un 60% de éxito y con 45 años, un 1%. Pero lo que dice es verdad: quizás el gran mito de la medicina reproductiva es que todo lo puede y no, no todo lo puede. Hemos llegado a un grado de excelencia tan alto que me atrevería a decir que es difícil superarnos en. Es importante que desmitifiquemos la potencia y lo todopoderoso de la medicina reproductiva porque no todo lo podemos. Y muchas veces los tratamientos que tienen mayores tasas de éxito son renunciando a los gametos propios. Es decir, si una mujer de 45 años se embaraza, la mayoría de las veces lo habrá hecho utilizando óvulos de donante o bien propios preservados previamente.

P. La reproducción asistida está en manos, mayoritariamente, de clínicas privadas. ¿Cuál es el grado de responsabilidad del sector en la desinformación o en esas expectativas desajustadas de la gente con respecto a la reproducción asistida?

R. Es cierto que es una medicina mayoritariamente privada y tiene sus campañas de marketing, pero la medicina reproductiva, que no es todopoderosa, sí que puede muchas cosas. A veces, haciendo muchos ciclos, acumulando probabilidades, tienes éxito en los tratamientos; o cambiando de estrategia terapéutica, Y eso es lo que a veces cuesta entender, que para lograr el éxito hay que recurrir a estrategias terapéuticas a las que. ¿Tenemos que hacer autocrítica? En general, la desinformación llega porque falta información de primera línea. Así que debemos ocupar nosotros ese nicho de informar a las pacientes. Pero creo que desde las consultas, tanto públicas como privadas, se informa bien a los pacientes de las limitaciones de la medicina reproductiva.

P. ¿La medicina reproductiva en España funciona con una lógica mercantilista? Por ejemplo, con promociones más o menos agresivas, criterios más laxos respecto a la pública, pruebas excesivas…

R. Tristemente, el 70% de la medicina reproductiva está en manos de entidades privadas. Es imposible que el sistema público, con el presupuesto que se le concede, responda a las necesidades de la población en general. Tiene que acotarlo a pacientes del mejor pronóstico posible, a un número muy reducido, y repiten ciclos hasta un límite concreto. Por tanto, ese nicho que es imposible que la entidad pública responda, ha tenido que cubrirlo la actividad privada, que tiene sus blancos y sus negros, pero siempre con el matiz de que es medicina y, por tanto, la charlatanería tiene que quedar de lado.

P. ¿Hacia dónde tendría que ir el sector?

R. La medicina reproductiva, que es un 70% privada y un 30% pública, genera unas desigualdades como probablemente ninguna medicina. Desde la sociedad científica abogamos por la equidad reproductiva. Es una cuestión de justicia social. Y pedimos a la Administración que aumente sus presupuestos para dar cobertura [pública] a más parte del país.

P. ¿Cuánto ha influido el universo de la reproducción asistida en los mensajes aspiracionales a la maternidad, en la presión biológica, el “te estás quedando sin tiempo” que a partir de los 30? ¿El sector ha alimentado este mensaje?

R. Sí, y lo hemos hecho de forma consciente. Es informar a las mujeres de su limitación biológica: somos fértiles entre los 20 y los 35 años como mucho. Los profesionales estamos muy cansados de que cuando llega la paciente a la consulta nos diga: “¿Y esto a mí por qué nadie me lo dijo antes?”. Este bombardeo para nosotros es positivo. Es cierto que genera angustia, que puede tener un matiz de paternalismo, pero va a evitar muchos lloros. Nadie fuerza a nadie a ser madre o a preservar su fertilidad, pero sí a conocerla.

P. Otro tema controvertido es el anonimato en la donación de gametos, especialmente óvulos. Hay voces que proponen ¿Cuál es su postura?

R. Es que tendrá que entrar primero en la sociedad científica y luego tendrá que llegar al Congreso y que decidan o no los legisladores cambiar o no la ley. En los ejemplos que tenemos de otros países limítrofes, cuando han levantado el anonimato, ha bajado mucho la disponibilidad de donantes.

P. Si la cuestión de fondo es que baja la disponibilidad de donantes, ¿no hay un conflicto de intereses desde la sociedad científica? Porque ustedes son parte interesada, en este caso, desde las clínicas privadas, para que haya más disponibilidad de donantes.

R. No hay un conflicto de intereses, hay una necesidad de oferta y demanda: estaríamos dejando de dar servicio al 40% de las mujeres que llegan a la consulta [que son las que terminan recurriendo a ovodonación]. Y también es la respuesta que dan las donantes cuando se les pregunta: la inmensa mayoría lo hacen desde un punto de altruismo y anonimato. Es cierto que son compensadas porque así lo marca la ley, para cubrir los gastos que ha generado esa donación, pero no es una mercantilización ni una compraventa.

P. ¿No es tramposo decir que es un proceso altruista cuando se da una contraprestación económica?

R. Lo que se compensa es básicamente porque has faltado al trabajo, por estar un día metida en quirófano… ¿Que por detrás haya algún interés económico puntual de alguna donante? No lo dudo, porque a nadie le viene mal un dinero, pero no llega al punto de mercantilización y de un negocio. .

P. ¿Qué papel juega para las mujeres hoy?

R. Yo lo llamo la segunda oportunidad de las mujeres. La primera fue la contracepción, que es elegir cuándo no tener hijos. Y la congelación es elegir cuándo tenerlos, es decir, organizar tu viaje reproductivo de otra manera. Es una forma de. Cosas a favor: si tengo óvulos guardados de 30 años, podré embarazarme mucho más fácil con 40 años. Cosas en contra: se hace en la entidad privada, tiene coste y, como todas las medidas preventivas, no asegura que las cosas vayan a funcionar bien.

P. Y si no se usan, ¿qué pasa con esos óvulos?

R. La ley dice que esos tejidos los puedes mantener para uso propio, donarlos a la ciencia, donarlos a otras mujeres con fines reproductivos o cesar su mantenimiento. La ley, como es previa a la técnica, equiparó los óvulos a los embriones, de tal forma que, ahora, para que podamos de una mujer, esta tiene que aportar, igual que para desvitrificar embriones, dos informes clínicos ajenos al centro que los haya congelado que digan que esa mujer no está en capacidad de gestar. Esto es una cosa paternalista e ilógica de la ley, porque cuando un hombre dice que no quiere mantener sus espermatozoides vitrificados, yo los descongelo y aquí paz y después gloria.

P. Muy machista esa diferencia.

R. Mucho. Muy paternalista y muy misógino todo. Hace poco en el Congreso se avaló promover un cambio de ley para que las mujeres podamos descongelar nuestros óvulos sin tener que pedir permiso a nadie.

*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.