Dolor crónico, una enfermedad real que va más allá de lo físico | Vive Saludable

Dolor crónico, una enfermedad real que va más allá de lo físico

Dolor crónico, una enfermedad real que va más allá de lo físico

El dolor, a grandes rasgos, funciona como una gran señal de aviso. Cuando algo va mal (si nos quema la mano un chorro de agua caliente, por ejemplo), el sistema nervioso envía señales de emergencia al cerebro. Este, en respuesta, genera la sensación de dolor para que apartemos la mano del agua caliente. Todo, en milésimas de segundo.

Según los especialistas, algunos de los principales tipos de dolor crónico son el nociceptivo, en el que predomina la inflamación de los tejidos; el neuropático, en el que existe una lesión del sistema nervioso; y el nociplástico, en el que hay dolor sin un daño de los tejidos que expliquen la intensidad o persistencia del mismo. “Son casos que”, prosigue Fernández-Bravo, “son difíciles de entender para los pacientes porque no ven una causa tangible y se genera mucha ansiedad”.

La casuística del dolor crónico es muy variada. Por eso la respuesta, coinciden los expertos, no puede ser unidimensional. Como señala Valdés: “El dolor es una entidad biopsicosocial. Por eso las unidades que lo tratan cuentan con anestesiólogos, rehabilitadores, psicólogos, fisioterapeutas y enfermeros, entre otros profesionales”. Es el llamado abordaje multidisciplinar, que evalúa el fenómeno de una manera “personalizada y holística”: “Por poner un ejemplo: la sensación de dolor de un paciente se puede incrementar si vive una situación de soledad no deseada o atraviesa una mala situación laboral. Considerar los agravantes sociales y psicológicos es una parte esencial de este proceso”, prosigue.

En este paradigma, que ya rige en las unidades especializadas en tratamiento del dolor, la integración va mucho más allá de la medicación: “La farmacología es importante en el tratamiento, sí. Pero se ha demostrado que un estilo de vida saludable ayuda también a resolver el dolor”, retoma Fernández-Bravo. La educación sanitaria se convierte así en un pilar. “Es fundamental: vigilar la alimentación, el sedentarismo, el tabaquismo…Tratar el dolor solo con farmacología es un enfoque abocado al fracaso. Es decir: pautar medicación o infiltrar a un paciente alivia el dolor, claro, pero lo más importante es que es un medio para que ese paciente se pueda mover y ejercitar a largo plazo”, entiende la especialista.

La comprensión del dolor es otra de las patas de la mesa de ese abordaje múltiple. “Hay un lema que dice ‘Know pain, no pain’, es decir, entender el dolor para reducirlo y llevarlo de la mejor manera posible, con empoderamiento y proactividad”, sintetiza Fernández-Bravo. Una psicología, la del entendimiento de las vías del dolor, que se traduce en mejoras prácticas en la vida del paciente: más calidad de sueño, menos miedo al movimiento (la llamada kinesofobia), identificación y control de los detonantes de la ansiedad que precede o anticipa el dolor…

Por fortuna, coinciden los especialistas, el paradigma del abordaje multidisciplinar ya está calando en una sociedad cada vez más informada. “Si miramos 15 años atrás, los pacientes que venían eran pacientes derivados por otros profesionales: traumatólogos, oncólogos... En cambio, ahora los pacientes solicitan directamente acudir a las unidades de dolor, donde se realiza un abordaje multidisciplinar. Hay más conocimiento y más cultura en la sociedad de la mejora de la calidad de vida”, se alegra Valdés.

Los especialistas inciden en que la radioterapia aplicada al dolor es un sistema seguro y efectivo, pero lastrado aún por algunos mitos. “Hay una amplia experiencia previa: en Alemania se trata con radioterapia a unos 50.000 pacientes al año. En España todavía pesa un cierto miedo porque se asocia directamente al cáncer, pero la dosis no tiene nada que ver. Una sesión son 15 minutos en total, con ausencia de síntomas y efectos secundarios”, subraya Peña Huertas, que añade que es conveniente que el afectado llegue cuanto antes a las unidades especializadas: “A veces un paciente acumula años de dolor y desesperación y nuestro margen es menor. Por eso es importante que nos conozcan, o que la derivación sea precoz, para poder establecer a tiempo un diagnóstico y un tratamiento”.

En las unidades de dolor también ganan terreno técnicas avanzadas como el plasma rico en plaquetas, un tratamiento regenerativo que extrae las plaquetas de la propia sangre del paciente y las aplica para reparar tejidos. “Su uso ha crecido mucho”, desarrolla Fernández-Bravo. “Son tratamientos que generamos a partir de nuestro propio cuerpo, sin efectos secundarios respecto a otras soluciones como los corticoides, y con mucho beneficio en patologías musculoesqueléticas como tendinopatías o artrosis”.

En la actualidad, con el amplio abanico de técnicas disponibles y una concepción cada vez más profunda (y por tanto compleja) del dolor, convivir con este fenómeno “no debería significar resignarse”, asegura Ricard Valdés. “Tiene que significar que comprendemos qué nos ocurre y así poder intervenir pronto. Y hay que asumir que el tratamiento no suele depender de una única pastilla, sino del abordaje completo de la realidad del paciente”.

Por la unidad del dolor en la que Valdés trabaja pasan unos 30.000 pacientes al año y se practican unos 8.000 procedimientos quirúrgicos. Aun así, concluye el especialista, el reto sigue estando en la divulgación de esta realidad: “Hay muchísima gente que convive con dolor crónico. Los pacientes tienen que saber qué es y dónde se trata. Y, después, adaptar su vida para convivir de la mejor manera posible con ello”.

*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.