Cuando alguien le resulta muy difícil identificar qué características exactas han hecho que llegue a amar a la otra persona. Normalmente se listan virtudes con cierto componente lírico, aunque lo cierto es que, para que una pareja funcione, se han de dar algunas coincidencias algo más prosaicas, como estilos de vida similares y aspiraciones vitales compatibles. Estar de acuerdo en grandes preguntas, como si se quiere o no tener hijos, decidir o cómo gestionar el tiempo libre, predice la durabilidad de una relación. Y ahora, cada vez más, hay otra cuestión que toma protagonismo: ¿qué se opina sobre los animales de compañía?
“Una vez la persona establece un vínculo donde considera al animal miembro de su familia, es un estilo de vida, un modelo relacional que es indisoluble de la persona”, señala Paula Calvo, bioquímica, etóloga y doctorada en antrozoología, para quien apenas hay espacio para los puntos medios en esta cuestión. “Tú no puedes vivir en un hogar donde parte de las dinámicas del día a día suponen un montón de cosas que hay que hacer con estos animales: responsabilidades, obligaciones... y no involucrarte. Imagina que una persona tiene un crío y dices: ‘Mira, voy a vivir en esta casa, pero yo no me involucro con el niño’. Es que es imposible, no es viable”, sentencia.
Esa falta de implicación fue suficiente para acabar con la última incipiente relación de Rubén Martín, de 39 años, que, tras casi tres meses quedando con una chica, decidió poner el punto y final ante las protestas continuas de ella por sus dos gatos. “No había día que no se quejara por el pelo, por el arenero, por los maullidos o porque la despertaban por la noche. Me di cuenta de que eso solo iría a peor y decidí cortar por lo sano antes de involucrarnos más”, explica este madrileño que, reconoce, no podría tener una pareja que no quisiera a sus gatos tanto como él. “Al principio me engañé pensando que quizás les cogería cariño pasando tiempo con ellos, pero cada vez era peor”, apunta.
Aquí hay además dos puntos fundamentales. Por una parte, está la cuestión de la empatía. “Esto está investigado, demostrado científicamente: las personas que empatizan más con otros animales son personas con altos niveles empáticos y, por tanto, empatizarán también más con otras personas”, señala Calvo. Por lo que, para muchos, que alguien sea capaz de preocuparse por los animales y con ellos es una señal de que también puede hacerlo con los de su especie y es, por tanto, identificado como algo positivo y a valorar en una pareja. Lo bueno es que, como señala López-Cepero, “la empatía se entrena y el resultado depende más de nuestros aprendizajes que de cuestiones genéticas”.
Así se llega al otro punto importante. No es lo mismo que a alguien no le gusten los animales a que crea que le dan igual porque nunca ha convivido con ellos. “Me encuentro situaciones en las que te dicen: ‘Mira, a mí los animales no, pero mi perro es mi perro, o mi gato es mi gato, y me parece que es maravilloso’. Y dices: ‘Ya, es que es el único que te has permitido conocer”, cuenta Calvo. Eso es justo lo que le pasó a Pilar Medina con el perro de su pareja, un rottweiler de cuatro años llamado Thor. “Yo nunca había tenido perro, les tenía respeto y me parecían una obligación tremenda que no me habría planteado en mi vida”, asegura Medina, que lleva casi dos años enamorada, no solo de su pareja, sino también de su perro. “No podía imaginarme que podría querer tanto a un animal”, señala tras reconocer que, al iniciar la relación, tuvo sus dudas porque “él dejó claro desde el principio que Thor era parte del pack”.
Tanto Medina como Martín conocieron a sus parejas (o expareja en el caso del segundo) a través de en las que el filtro de los animales influye y mucho. Martín asegura que es algo en lo que se fija y que tiene varias fotos con sus gatos en su perfil para que no haya lugar a dudas. Esto último, de hecho, también podría ayudarle a encontrar pareja. “Hay estudios sobre estas plataformas de búsqueda de pareja en los que se ha visto que aquellos hombres que salen con fotos con animales suelen verse más atractivos para las mujeres”, revela Calvo.
La opinión sobre los animales es una cuestión que cada vez se vuelve más relevante, pero también la opinión que los animales tengan de la posible pareja. “Del mismo modo que preguntas a un amigo sobre una nueva pareja, la interacción entre tu pareja y tu animal de compañía suele servir como termómetro para medir la compatibilidad. Hay investigación que muestra que esto tiene un peso importante, sobre todo al principio de la relación. Si no le gustas al perro, la probabilidad de éxito se reduce”, sentencia López-Cepero.
Lo cierto es que, aunque no muy grande ni muy habitual, en esto también hay margen de maniobra. “Puedes construir una relación saludable con alguien que tiene una visión diferente sobre los animales de compañía, como puedes La clave está en reconocer la importancia del vínculo para cada uno y establecer pautas y acuerdos para asegurar la convivencia”, tercia López-Cepero, consciente de que el proceso de comunicación y negociación en estos casos es difícil y desgastante, aunque no imposible si ambas partes así lo quieren. Eso sí, también advierte: “Todos tenemos margen de negociación y podemos encontrar puntos intermedios entre posturas, pero, si tu pareja tiene una visión opuesta a la tuya, toca elegir qué sientes que es prioritario”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
