Cómo los intentos por tener un hijo pueden pasar factura en el terreno sexual | Vive Saludable

Cómo los intentos por tener un hijo pueden pasar factura en el terreno sexual

Cómo los intentos por tener un hijo pueden pasar factura en el terreno sexual

El instinto maternal de Marta, una madrileña de 53 años, nunca había hecho acto de presencia hasta que conoció a alguien que lo despertó. “De repente, ambos queríamos tener un hijo. El problema es que yo tenía 42 años y mi pareja tenía pocos espermatozoides y eran algo lentos, condición que se conoce con el extraño nombre de oligoastenozoospermia”. La pareja decidió entonces recurrir a y así estuvieron durante casi dos años hasta que, tras una fecundación in vitro, se quedó embarazada. “Siempre se habla del calvario de los tratamientos. En mi caso, lo peor fue comprobar que todo el proceso De repente, éramos padres que habíamos triunfado en la batalla de la concepción, pero perdimos la de la pareja. Habíamos interiorizado que el sexo sin fruto era vacío, frustrante, falso. Una suerte de maldición que la madre naturaleza nos lanzaba por no poder cumplir con el deber de perpetuar la especie. Y así, como una bruja malvada, nos quitó ”, cuenta.

Marta y su marido esperaron a que su hija cumpliera los cuatro años para diagnosticar el problema. Fueron a y allí comprobaron que habían convivido demasiado tiempo en un escenario con muchos reproches, poca comunicación, demasiados miedos no compartidos, pérdida de la autoestima, envidia insana hacia las mujeres que fácilmente se quedaban embarazadas. Revolviendo en los desechos de una antigua relación, encontraron también un cierto rechazo al cuerpo del otro y dos disfraces: uno de víctima y otro de culpable. “Nos separamos y a mí me tomó tiempo y trabajo (fui a terapia con una sexóloga) volver a valorar la sexualidad por sí misma y recuperar el deseo”, cuenta Marta.

“Tanto con ayuda de las técnicas de fertilización artificial como si no, la sexualidad de la pareja infértil que intenta tener hijos puede sufrir mucho en todo el proceso”, cuenta la ginecóloga y sexóloga Francisca Molero, terapeuta del Centro Máxima y directora del Instituto Iberoamericano de Sexología. “La planificación de las relaciones sexuales puede producir disfunciones: de la eyaculación y la erección, en el varón; y del deseo o la excitación, en la mujer. Hay estudios que dicen que el 46% de los hombres que intentan ser padres tienen problemas de disfunción eréctil los días de la ovulación, y la mujer muestra a menudo un tipo de ‘deseo ansioso’ que responde más a una urgencia por ser madre que a una excitación sexual”, explica la experta.

En el caso de que la pareja haya tenido éxito, la crianza del bebé impone una etapa en la que , según Molero. “Se ha visto también que los padres que se vuelcan mucho en el cuidado de su hijo segregan más vasopresina (hormona vinculada con el apego, el compromiso emocional y la protección del vínculo), oxitocina y prolactina. Esto cambia el perfil hormonal del hombre y hay estudios en los que hay evidencias longitudinales de que la testosterona (fundamental para el deseo y el impulso sexual) disminuye en la transición a la paternidad”, apunta la sexóloga.

Todo esto tiene un nombre: el síndrome infertosexual. Este concepto clínico describe la alteración y disfunción sexual, emocional y psicológica que sufren los miembros de una pareja cuando se someten a diagnósticos de infertilidad y tratamientos de reproducción asistida. De ahí que haya también lo que se conoce como psicólogos perinatales, cuando ser padres ya es algo que requiere cada vez más ayudas debido a la contaminación, la alimentación, los disruptores endocrinos y el estrés, factores que nos hacen cada vez más infértiles.

Raúl Olivares es ginecólogo y director médico de la Clínica de Fertilidad Barcelona IVF, una de las muchas que hay en España, pionera junto a EE UU en reproducción asistida. “Barcelona es la capital europea de la y en España se hacen la mitad de los tratamientos de toda Europa”, señala Olivares. “La vertiente psicológica y el bienestar emocional y sexual de la pareja es algo que ha estado olvidado durante tiempo en los tratamientos de fertilidad. Ahora, sin embargo, cobran especial importancia y muchas clínicas disponen ya de psicólogos y/o sexólogos. De todas formas, no siempre se informa bien de los tratamientos, de la tasa de fallos, que es alta, y hay que explicar bien lo que se van a encontrar”, afirma.

El experto asegura que es importante buscar un momento que será bueno para ambos miembros de la pareja, en el que los dos se encuentren con la suficiente fortaleza emocional. “Tampoco hay que someterse a un estricto calendario de relaciones sexuales. Nosotros recomendamos tenerlas un día sí y otro no en torno a la ovulación, teniendo en cuenta que el óvulo tiene una vida de 24 horas y los espermatozoides de entre dos y cinco días. No es obligatorio ni deseable tener relaciones todos los días, ya que la calidad del semen empeora cuando se eyacula tan frecuentemente. Tratamos de evitar a toda costa que el sexo se convierta en una tarea estresante e ineludible”, advierte.

El cuerpo y la psique femenina son los que soportan los tratamientos y los cócteles de hormonas, pero el hombre también puede sufrir durante el proceso. puede generar mucha presión y, si no se está a la altura, puede traer un recuerdo negativo a posteriori: ‘No fui capaz de tener relaciones cuando era necesario’. Y, si el infértil es él, a la culpa de no ser fértil se le añadirá la de haber arrastrado a la mujer a los sufrimientos que conlleva el tratar de ser madre a toda costa”, considera Olivares. “La psicología masculina se tiene poco en cuenta en estas situaciones”, sentencia el ginecólogo.

La psicóloga sanitaria y perinatal trata en su consulta a los dos sexos, pero dice que los varones requieren poco sus servicios. “Con los hombres me he encontrado dos perfiles: los que quieren volver a la pareja y a la sexualidad de antes, lo que es imposible, y los que se ponen en la piel de su pareja, comprenden el sufrimiento por el que ha pasado y no saben cómo acercarse a ella, no quieren presionarla”, detalla. “El cuerpo de una mujer que se haya sometido a técnicas de fertilización ha sido invadido, hormonado. En caso de que haya tenido un bebé, la lactancia y todos los procesos vividos harán que la sexualidad sea distinta. Y en el caso de que no se haya tenido descendencia, hay que pasar el duelo por el proyecto que no se ha podido llevar a cabo. Así pues, el reencuentro no es fácil, y menos en una ”, sostiene.

Ella propone que ese reencuentro vaya de lo íntimo a lo sexual, que se empiece primero por , y que poco a poco se vaya deslizando hacia la genitalidad: “Si hay una base de amor, la pareja puede volver a funcionar, pero un cierto distanciamiento sexual es bastante normal en estos casos”.

Para Molero, recuperar la sexualidad perdida por el síndrome infertosexual pasa por evaluar las diferentes motivaciones, trabajar con la comunicación, los miedos, los sentimientos, las dudas y las frustraciones. “Hay que reconocer el dolor y el duelo por los que ambos han pasado, sin reproches”, asegura. “La paternidad o maternidad no es incompatible con el deseo. En muchos casos, si hacen este trabajo, la pareja puede salir incluso más reforzada que antes”, garantiza.

*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.