La actriz de 145.000 dólares por publicidad engañosa al afirmar que los huevos de jade y cuarzo rosa insertados por vía vaginal podían equilibrar las hormonas y regular los ciclos menstruales. Vendía , su marca y empresa de bienestar, belleza y estilo de vida, y un juzgado de California consideró que había una responsabilidad ante información infundada que, además, podía afectar a la salud de las mujeres. De esto hace ya ocho años, pero las creencias, teorías, afirmaciones o discursos sin base científica en materia de salud sexual siguen vivas.
La inserción de huevos de jade en la vagina es una de ellas. Hay quienes hablan maravillas de esta práctica, un antes y un después en el placer, de movimientos energéticos y de despertar de la zona genital. Todo ello se promociona en ocasiones como técnica ancestral. Sin embargo, los autores del artículo , publicado en 2019, revisaron bases de datos online y examinaron más de 5.000 objetos de jade sin encontrar ninguno que respaldara la afirmación de que estos se utilizaran con fines sexuales o terapéuticos en la antigua China.
Tampoco hay evidencias de que en realidad tengan efectos beneficiosos, y sí se han señalado posibles riesgos. La advierte de problemas como la irritación, las infecciones y el aumento de la tensión muscular del suelo pélvico. La sexóloga , ginecóloga en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, explica que “el jade es una roca mineral que puede albergar microfisuras y superficies porosas, lo que dificulta una esterilización adecuada y eleva el riesgo de infecciones bacterianas, como el choque tóxico o vaginitis”. “Puede producir contracturas de los músculos pélvicos si son muy pesadas o se mantienen por mucho tiempo. Además, pueden quedarse retenidas en la vagina, ya que pueden ser muy difíciles de extraer al no tener nada de lo que tirar”, añade.
No son pocos los remedios con escaso o nulo respaldo científico que se encuentran en el ámbito de la sexualidad. Los huevos de jade, masajes vulvares para desbloquear traumas, retención seminal para aumentar la energía, feromonas para fomentar la atracción, afrodisíacos para estimular el deseo… estos son solo algunos ejemplos. “Seguramente son los remedios sin base científica que más fácil nos creemos. Hay que tener en cuenta que interactúan dos características. Por un lado, la mayoría de los seres humanos somos sexuales, pero a la vez el acceso a información sexológica fiable es muy complejo. Así que se juntan las ganas de saber, pero no tenemos casi fuentes de referencia”, comenta , doctor en Filosofía y profesor de Psicología de la Universitat Oberta de Catalunya.
Otra de estas prácticas tiene que ver con la realización de masajes en las zonas íntimas femeninas con el objetivo de desbloquear traumas o mover energías sexuales. No hay estudios suficientes que garanticen la eficacia de este tipo de métodos, según se recoge en la revisión (2025). Y una vez más, sí se ponen de manifiesto posibles riesgos. Ambos expertos consultados coinciden en ello. “La investigación clínica indica que el contacto físico íntimo no estructurado conlleva riesgos significativos de revictimización en supervivientes de agresiones sexuales. El tacto genital sin encuadre clínico riguroso puede reactivar respuestas fóbicas condicionadas en lugar de inducir relajación o integración”, detalla Bartolomé. Por su parte, Vallejo se muestra tajante: “Los masajes sexuales pueden estar bien en un contexto consensuado, permitido y consentido, simplemente para disfrutar o explorar. Hasta ahí, ningún problema. Pero recetarlo como sanador de traumas o incrementador del deseo sexual… no”. No hay que confundir este tipo de masajes con, que sí tiene indicaciones clínicas concretas, por ejemplo, para determinados tipos de dolor en la zona o dificultades musculares, y que debe realizarse con formación sanitaria adecuada.
Los afrodisíacos, alimentos supuestamente capaces de despertar el deseo y la pasión, y las feromonas, sustancias que prometen atraer irresistiblemente a otras personas a través del olfato, son dos clásicos del mercado de las promesas sexuales. La idea es tentadora: encontrar una forma fácil de o provocar atracción sin necesidad de recurrir a la seducción, el contexto o la conexión interpersonal. Sin embargo, una vez más, la evidencia científica está bastante lejos de respaldar muchas de estas afirmaciones. “Los afrodisiacos no existen. Si existieran, la industria se lo añadiría hasta a la gasolina de los coches. Pero eso no quiere decir que no haya sustancias u olores que alteren tu deseo/excitación sexual”, apunta Vallejo. Y añade que esto puede ser debido al efecto placebo: creer que algo tiene un determinado efecto positivo y eso sugestione y genere el resultado parcialmente. O a la existencia de un condicionamiento previo, es decir, un aprendizaje por asociación.
“Hay ciertas sustancias volátiles, como la androstadienona o el estratetraenol, que son procesadas por el olfato y que pueden activar regiones del hipotálamo o modular sutilmente el estado de ánimo”. Es decir, se podría decir que sí existen sustancias con algún efecto, según explica Bartolomé. Sin embargo, hay que fijarse en la palabra sutil, es decir, no hay una respuesta clara ni directa. “Además, su efecto depende mucho del contexto psicológico y relacional. Así que los perfumes con feromonas por sí mismos no parecen funcionar, aunque si alguien al usarlos cree que irradia atractivo, puede que le dé la seguridad necesaria para triunfar”, agrega.
¿Cómo distinguir un tratamiento contrastado de otro que no lo es? “Si suena demasiado bueno o divertido, seguramente sea pseudocientífico”, comenta Vallejo. Los tratamientos fundamentados en la evidencia empírica los suelen efectuar profesionales bien formados y con experiencia en el tema. Además, tienen un respaldo que va más allá de un “a mí me funcionó”. Las experiencias personales por sí solas no son garantía de que sean generalizables a todo el mundo. “Huid de efectos milagrosos o terapeutas que os expongan sexualmente”, resume el profesor de la UOC.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
