Por sorprendente que parezca, cada vez más estudios apuntan a que , esa que cuida las encías y los tejidos que sostienen los dientes, puede influir directamente en el rendimiento físico de los atletas. No se trata solo de evitar el mal aliento o una caries inoportuna antes de una cita olímpica: hablamos de impactos en la resistencia, la recuperación e incluso el riesgo de lesiones musculares.
En España, realizó una amplia aportación científico-técnica entre salud oral y deporte, desgranando los beneficios de tener una salud oral en el deportista, tanto profesional como amateur, siendo ese pequeño porcentaje del cuidado oral integral lo que podría marcar una gran diferencia en el deportista de élite.
En un reciente donde se evaluó el impacto de la enfermedad periodontal en deportistas profesionales, es muy claro: quienes sufren periodontitis tienen un 55% más de probabilidades de reportar una disminución en su rendimiento físico. Esto a que la inflamación crónica de las encías libera mediadores proinflamatorios que circulan por el cuerpo y afectan a tejidos musculares, aumentando la fatiga y el riesgo de lesiones. Algunos estudios han detectado una menor capacidad aeróbica en atletas con signos de periodontitis y menor potencia en pruebas de esfuerzo.
Lejos de lo que podría esperarse, se que entre un 45% y un 75% de los atletas sufren gingivitis o periodontitis, muy por encima de la media poblacional. Las razones incluyen dietas ricas en carbohidratos, bebidas energéticas ácidas, el estrés oxidativo y una agenda que dificulta las visitas al odontólogo.
Algunos expertos proponen incorporar chequeos odontológicos regulares en los programas de medicina deportiva, al igual que ocurre con la fisioterapia o la nutrición. En este caso, la odontología deportiva se enfocaría en la prevención de lesiones bucodentales y orofaciales y de las patologías bucodentales causadas por el deporte, así como en la prevención de lesiones y patologías en el resto del cuerpo, mejorando la salud general y el rendimiento del deportista. En palabras de los investigadores, “la salud bucal debe verse como una variable más a optimizar para alcanzar el rendimiento máximo”.
Esa inflamación de bajo grado puede traducirse en algo muy reconocible para cualquier deportista amateur: mayor sensación de cansancio, peor recuperación entre sesiones o una percepción de esfuerzo más elevada ante cargas habituales. Es decir, no hace falta estar en unos Juegos Olímpicos para que una encía inflamada empiece a restar en el entrenamiento.
Factores como la respiración oral o la deshidratación prolongada agravan aún más este escenario. A diferencia del deportista profesional, que suele contar con seguimiento médico, tiende a normalizar señales como el sangrado de encías o la sensibilidad dental, pese a que pueden ser indicadores tempranos de enfermedad periodontal con impacto potencial en su rendimiento.
De esta forma, cómo la masticación unilateral, la posición espacial de la mandíbula y del hueso hioides, así como el desequilibrio de las funciones neuromusculares de los músculos orofaciales y linguales, influyen en la postura, el apoyo plantar y afectan a la forma de caminar y correr, originando posibles lesiones musculares y articulares por sobrecarga o enlentecimiento en la recuperación de las mismas. Esto se debe principalmente a la conexión entre la boca y los pies a través de las fascias musculares y las diferentes cadenas miofasciales. Se podría incluso decir: observa cómo muerdes y descubre cómo pisas.
Así que, más allá de las recomendaciones básicas conocidas por todos sobre cepillado dos veces al día durante 2 minutos, visitar al odontólogo una vez al año, etc., se pueden considerar otros aspectos:
Porque en el deporte, como en la salud, no todo depende de cuánto entrenas o cuánto te esfuerzas. A veces, los factores que más influyen son los que pasan desapercibidos. Y uno de ellos puede estar mucho más cerca de lo que imaginas: justo detrás de tu sonrisa.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
