En los días de calor, el atardecer y la noche ejercen el efecto benefactor de la. Sentarse en , o en una sillita en la terraza de casa, permite disfrutar de una perspectiva diferente del lugar ajardinado. Las especies más altas dibujarán su silueta contra el cielo crepuscular, y seguir su contorno con la mirada, como si repasáramos su forma con los ojos, es un ejercicio de adoración, de conexión con las plantas. Asimismo, la quietud de esas horas añadirá una de la prisa del día.
Ciertas fragancias se harán presentes cuando el sol desaparezca del horizonte, como les ocurre a todas aquellas plantas que deleitan a los polinizadores nocturnos. Una de las más apreciadas es el , cuyo encanto personal cambia en cuestión de horas, ya que, mientras el Sol luce, es una planta algo anodina, con unas hojas verde fresco y lanceoladas, pero que no destacan por ningún rasgo en especial. Entonces parecerá del montón, uno que en un vivero jamás sería elegido en primer lugar por su estética. Pero, ay, cuando llega la oscuridad: el patito feo se transforma en un cisne.
Al anochecer, sus discretas florecitas exhalan por sus minúsculas bocas una de las esencias más cautivadoras que existen, Su perfume pertenece a otro mundo, quizás al de los sueños, y cultivar un galán de noche en casa garantiza tener una sonrisa cuando se huela. Su nombre científico, Cestrum nocturnum, hace alusión al periodo en el que emite su aroma dulce, potente, algo animalesco y y de gardenia. Si se ha colocado en un lugar estratégico, toda esta belleza de su esencia de origen americano se colará en las habitaciones con la brisa nocturna como un ambientador natural.
Se puede cultivar en un macetón y es perfecto para un rincón de la terraza, protegido así de inviernos algo más rigurosos, ya que es una especie sensible a las heladas fuertes. Sin embargo, si el emplazamiento es apropiado y el ejemplar está endurecido y aclimatado, puede hacer frente a fríos aún mayores, especialmente si sus raíces están plantadas en tierra o si crece en una maceta protegida por otros tiestos aledaños.
Al tratarse de una planta de la familia de las solanáceas, prima del tabaco, y de la petunia, coincide con ellas en su adoración por el Sol, aunque puede vivir con pocas horas directas de sus rayos. Eso sí, en las zonas con poca humedad ambiental prefiere los que inciden sobre ella por la mañana o al atardecer, porque si no sus hojas pueden asurarse y amarronar.
En los jardines españoles de las zonas más cálidas también crecen , como la trompeta de ángel o datura (Brugmansia cv.). Sus enormes flores colgantes emiten una esencia un punto narcótica y dulce, que esperan enamorar a sus insectos polinizadores nocturnos. A este festival de olores de la noche se unen los de los jazmines (Jasminum spp.), las gardenias (Gardenia jasminoides cv.) y las carisas (Carissa macrocarpa).
Otro de los efectos que regala la noche a los jardines , al potenciar en sus fases más luminosas el fulgor de las especies que tienen hojas o flores blanquecinas. Varias de las plantas ya citadas, como las gardenias, parecen brillar cuando las toca el resplandor lunar, al igual que los jazmines, con sus estrellitas prendidas entre las propias ramas. Las hojas de las autóctonas cinerarias (Jacobaea maritima), con esa alusión al tono grisáceo de la ceniza, también se ven favorecidas por las noches luminosas, como le ocurre al canastillo de plata (Cerastium tomentosum), que parece una lengua de ese metal precioso.
No son sinónimos de incertidumbre ni de oscuridad, más bien de esperanza en las cosas bellas. Y, si no se tienen tantas como se desean, no habrán de buscarse en lo material, mejor en lo sencillo y vivo.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
