12 horas de fiesta en el castillo medieval de Villalonso: techno, jotas, porrón y resignificación castellana | Vive Saludable

12 horas de fiesta en el castillo medieval de Villalonso: techno, jotas, porrón y resignificación castellana

12 horas de fiesta en el castillo medieval de Villalonso: techno, jotas, porrón y resignificación castellana

Y el colectivo , su castillo; y cabe dudar dónde se disfruta más. Su sábado de contrastes, celebrado el 30 de mayo, empezaba en la sobria , donde docenas de jóvenes combinaban botas de vino con corsés con pinchos y gorras de Caja Rural con atuendos medievales con brillibrilli. Prosiguió en varios autobuses surcando la meseta que ya se agosta y donde se ultimaban los disfraces con aderezos, viejísimos de la casa del pueblo o recién comprados en un bazar. “Chavales, he traído popper”, se escucha, y una chica saca el inhalador del asma. Risas.

La fiesta implica un tropel de 400 jóvenes vestidos siguiendo la dinámica , una especie de guiño modernista hacia lo medieval, atravesando el tranquilo Villalonso (Zamora, 70 habitantes). ¡Ah, del castillo! Las huestes fiesteras se asoman a la fortaleza del siglo XII donde resuenan dulzainas y en cuyos anchos muros y oscuras mazmorras restallarán luego , el techno, el trap o música popular. Un año más, Villalonso acoge la fiesta organizada , un colectivo que refresca y revaloriza el estigma viejuno de esa Castilla que también mola.

Por ahí revolotea una apicultora modernista, con su redecilla facial incluida. Carmen Abril, de 30 años, impulsora de este proyecto cultural, goza con la enésima buena acogida de la fiesta en Villalonso y ondea una enseña de Castilla y León, algo inusual en una comunidad desarraigada. “Ojalá los que construyeron el castillo pudieran ver la fiesta por un agujerito”, suspira, con una reflexión: “¿Cuál es la manera más potente de que un joven castellano se identifique con Castilla? Plantándose en un castillo y pegándose la fiesta de su vida. Lo ideal sería que no hiciese falta una fiesta para atraer a los jóvenes a su patrimonio, pero qué le vamos a hacer”.

El festejo va ganando popularidad y las entradas vuelan, a 41 euros cada una, incluyendo bus desde varias ciudades. También rompen fronteras: 14 chicas navarras han bajado hasta , impulsadas por algunas de ellas que conocían el asunto. De Galicia, pero universitaria en Salamanca, como acredita el vítor que tiene tatuado, ha venido Rocío Pazos, de 27 años, pontevedresa de Tui. Su amiga Ruth siguió formándose en Valladolid y así supieron de esta locura a la que se han apuntado con pinchos por doquier sobre sus ropas de cuero. Los altavoces atruenan con y Pazos alza la voz para admitir lo que ella pensaba de Castilla: “Antes de venir tenía muy mal concepto, los gallegos fueron explotados por los castellanos cuando vinieron a trabajar aquí, creía que eran gente arisca, que no expresa sus sentimientos…”. Van diez años y ya ha desmontado esa primera impresión de sosos, comenta esta inquisidora punk, látigo de cuero en ristre.

Cae el atardecer y regala unas vistas inmejorables del castillo, con tono cobrizo y ocre, ideal para hasta que cae la noche y en el patio de la fortaleza afloran roces y miradas. La medianoche dicta el fin del cónclave solar-punk y sus acólitos ponen rumbo a los buses, no siempre con las compañías con las que vinieron, pensando en qué garito de Valladolid les permitirá tomar la última con una cota de malla u orejas de elfa.

*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.