El ha sido, durante décadas, un tumor intocable. El más letal. Intratable. Con una supervivencia a cinco años inferior al 10% y un arsenal terapéutico extremadamente limitado, el diagnóstico de este tumor, casi siempre en etapas muy avanzadas, arrojaba casi siempre un panorama devastador, sin salida. Pero las tornas han empezado a virar: la enfermedad sigue siendo extremadamente agresiva y mortal, pero una nueva terapia dirigida acaba de lograr un éxito sin precedentes al conseguir en pacientes con metástasis supervivencias de hasta 13 meses, el doble que con la quimioterapia convencional. Estos hallazgos, presentados este fin de semana en Chicago durante la sesión plenaria del congreso de la Sociedad Estadounidense de Oncología Médica (ASCO, por sus siglas en inglés), abren una nueva era en el abordaje de uno de los tumores más devastadores.
El medicamento se llama daraxonrasib y ha conseguido lo que algunos científicos ya veían inalcanzable: atacar al gen mutado KRAS, culpable del crecimiento agresivo de este y otros tumores. “Hace años que no teníamos un estudio con tan buenos resultados. Este es el primer paso de un tsunami que está por venir: la era de los inhibidores de KRAS va a cambiar el escenario en cáncer de páncreas”, augura Teresa Macarulla, jefa de Oncología Médica en el Hospital Clínic de Barcelona y experta en este tipo de tumores. La investigación se ha publicado en la revista .
Los científicos saben desde hace décadas que ese gen mutado era fundamentales para el desarrollo del cáncer de páncreas porque fabrica una proteína que, como si de un interruptor se tratase, cuando está encendida, estimula a las células para que se reproduzcan sin control. “RAS es una familia de proteínas [y KRAS es un miembro más de ese clan] implicadas en el crecimiento de las células. Es una de las grandes dianas del cáncer de páncreas. Siempre se ha intentado atacar esa vía, pero no se encontraba la manera”, admite Berta Laquente, oncóloga especializada en estos tumores en el Instituto Catalán de Oncología (ICO).
El daraxonrasib es un inhibidor de panRAS. Es decir, que frena la actividad de cualquier forma del gen RAS alterado. El medicamento, un fármaco oral que se administra una vez al día, actúa como un pegamento molecular que se fija a una especie de bolsillo de la proteína mutada y también a otra molécula de la célula, formando una especie de abrazadera entre ellos que bloquea la actividad del gen mutado. “Evita que transmita su mensaje, que es estimular a la célula para que produzca más”, cuenta Macarulla.
Macarulla subraya la distancia entre el estudio de Barbacid y el presentado en ASCO: “La investigación de Barbacid era en ratones y usaba este fármaco en combinación con otros. No hay datos en pacientes de esa triple terapia. En cambio, la investigación que se presenta en la plenaria de ASCO demuestra beneficio en humanos. Reduce un 60% el riesgo de muerte”.
Para Laquente, los datos son “una buena noticia”, pero pide cautela. No se trata de un tratamiento curativo. “Llevábamos muchos años sin avances tan potencialmente disruptivos y la magnitud del beneficio de este fármaco es poco habitual, pero no podemos hablar de curación. Lo que sí hace esta investigación es marcar el inicio de una nueva etapa de terapias dirigidas en cáncer de páncreas”, sostiene.
“La revolución RAS”
“Estamos observando una supervivencia y eficacia sin precedentes en el tratamiento de segunda línea. La revolución de RAS ya está aquí”, apuntó en un comunicado de ASCO Rachna Shroff, responsable de Oncohematología del Centro Oncológico de la Universidad de Arizona. Los expertos aseguran que cambiará la práctica clínica a corto plazo, al menos en segunda línea, y calculan que a finales de verano ya estará disponible en Estados Unidos. En la Unión Europea tardará algo más.
En de Revolution Medicine, la empresa que ha desarrollado el fármaco, Brian Wolpin, director del Centro de Investigación del Cáncer de Páncreas de la Familia Hale en el Instituto Oncológico Dana-Farber e investigador principal del ensayo, aseguró en abril que el fármaco representa “un avance claro y muy significativo para los pacientes con cáncer de páncreas que han experimentado progresión tras un tratamiento previo”. “Preveo que transformará la práctica clínica y mejorará la atención a los pacientes con cáncer de páncreas metastásico previamente tratado”, sostiene. El fármaco también tendría potencial sobre mutaciones RAS presentes en cáncer de pulmón y de colon.
“En cáncer de páncreas había fracasado casi todo y esto es una nueva arma para luchar contra el tumor. Se abre una nueva era”, reflexiona. Por lo pronto, los hallazgos se circunscriben a la segunda línea de tratamiento, pero Macarulla avanza que ya se están preparando ensayos para explorar el potencial de este y otros inhibidores de KRAS más temprano, en primera línea, y también hay investigaciones preliminares, explica, que animan a probar este fármaco en combinación con algunas quimioterapias para maximizar sus efectos.
La revolución terapéutica con los inhibidores de KRAS ya está en marcha y el daraxonrasib se presume que es solo el primer capítulo. Ahora, por ejemplo, se administra mientras funciona y detiene el crecimiento del tumor, pero ¿por qué funciona y cuándo deja de hacerlo? ¿El impacto es igual en todos los pacientes? ¿A quién le sirve más? ¿Generará resistencias? Laquente asegura que habrá que mirar la letra pequeña del estudio y seguir investigando en esta línea: “Esto acaba de empezar”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
