Ana Conseglieri (Jaén, 48 años) es jefa de Sección de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Cristina de Parla, y presidenta de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN). Llega a la entrevista después de una mañana en consulta y con un discurso que hilvana mientras bebe un café americano. Autora de varios libros sobre en el franquismo, asegura: “La atención que ejercemos en la salud mental es el resultado de la justicia social que tiene nuestra sociedad y nuestro país. Y las instituciones necesitan entender que de nuestro país, los silencios y todas las experiencias traumáticas para poder abordar un futuro”.
Pregunta. Hace unos días fui a ver una obra de teatro y uno de los personajes contaba que cuando le dijo a su padre que quería ser psiquiatra, este le respondió que la psiquiatría es “la Cenicienta de la medicina”. Que a quién se le ocurre estudiar el cerebro cuando lo que hay que ser es cirujano, que es la élite. ¿Qué me dice de esta afirmación?
Respuesta. Podría parecer un insulto, pero para mí no lo es. La psiquiatría entró a formar parte de las especialidades en un proceso de medicalización de la locura que comenzó en el siglo XIX. Hasta ese momento, la locura era entendida como fenómeno divino, demoníaco, de gente rara. Alienismo se llamaba en esa época, imagínate. Por otro lado, la psiquiatría siempre ha tenido un componente enorme de control del orden social. Siempre ha estado a caballo entre encontrar un lugar legitimado dentro de la medicina y otro ordenado desde el ámbito político y social como control de la sociedad.
P. Qué sitio tan perverso…
R. Hay un sector de la psiquiatría que quiere sentirse muy cercano a una rama de las más dignas dentro de la medicina. Pero, por otro lado, el no encontrar prácticamente o en muy pocos casos un sustento biológico para explicar los malestares o el sufrimiento psíquico hace que todo el rato la psiquiatría tenga que estar en un lugar muy controvertido dentro de la medicina. La sintomatología tiene muy poco de biológico y mucho de biográfico, de historia de vida de las personas.
P. ¿Usted siempre quiso ser psiquiatra?
R. Voy a hacerte una confesión personal y tú, si quieres, la usas o no... Desde que empecé Medicina quería ser psiquiatra, pero yo vengo de un padre psicólogo. Un padre psicólogo al que le tocó en los años ochenta formar parte del cierre de lo que en los años finales del franquismo se conocía como . Eran unos hogares infantiles donde estaban los niños necesitados, huérfanos, o aquellos cuyos padres no podían hacerse cargo de su cuidado. Mi padre formó parte de un colectivo de profesionales que se dedicaron a cerrar esa institución y hacer como una especie de devolución de esos niños, adolescentes, adultos jóvenes a familias, a pisos y a la red comunitaria. Ese proceso yo lo viví in situ. Compartíamos esas vivencias prácticamente a diario, en mi casa, en la calle, con nuestros amigos. Creo que eso no solo tuvo un impacto en mi adolescencia, sino que posteriormente me determinó a elegir psiquiatría.
P. Como profesional, ¿qué foto hace del momento que vivimos? , que llevamos en el bolso como si fuera un paquete de chicles.
R. Como sociedad debemos asumir una responsabilidad en esa publicidad que estamos haciendo sobre el sufrimiento psíquico y sobre cómo lo abordamos. Porque es un problema de salud mental grave. Se está produciendo una demanda infinita hacia los profesionales de salud mental, y hay adultos con situaciones adaptativas y malestares que tienen que ver con no encajar en la vida que estamos llevando ahora, pero para abordarlas tenemos que reivindicar mejoras a otros niveles, condiciones laborales dignas, posibilitar el acceso a la vivienda y otra serie de derechos básicos que están en la Constitución y que no se están cuidando. Pero de eso se tienen que ocupar otras instituciones. Publicitar que todo ese malestar es daño en salud mental hace que tape de alguna manera otro tipo de sufrimiento psíquico mucho más grave.
P. ¿Hay manera de diferenciarlo por nosotros mismos?
R. Con respecto al tema de los fármacos, creo que somos los segundos o terceros de toda Europa en consumo de ansiolíticos y antidepresivos. Si preguntas por ahí, el consumo muchísimas veces está asumido en esa población de la que te digo que tiene un malestar insoportable. Hay personas con un sufrimiento psíquico muy grave que toman menos medicación.
P. Hablemos de cómo las mujeres han sido infradiagnosticadas, o simplemente mal diagnosticadas, y las consecuencias que acarrea…
R. En la salud mental ahora se está poniendo mucho altavoz y se está utilizando mucho la interseccionalidad. Eso significa introducir identidades no solo de género, sino también la raza, la etnia, la cuestión económica, porque no es lo mismo ser mujer que hombre, pero tampoco es lo mismo ser una mujer rica que una mujer pobre, o una mujer blanca que una mujer negra. Durante el franquismo, la mujer era una construcción de identidades o de subjetividades que tenían que estar armadas bajo la condición de ser madre, esposa, una persona hacendosa que no provocara, que no tuviera pereza, con una serie de cualidades que hacían que cualquiera que se saliera de esos moldes establecidos había que patologizarla. Muchísimas conductas o disidencias en las mujeres conllevaban un diagnóstico psiquiátrico, el ingreso en instituciones psiquiátricas o la toma de pautas farmacológicas. De ahí venimos.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
