Cada día repetimos muchos comportamientos de forma inconsciente y hasta involuntaria. Desde pequeños automatismos, como levantarnos por la mañana y desbloquear el móvil o hábitos como tomar café a la misma hora, hasta otras formas recurrentes de actuar, como dejar tareas importantes para el último momento o . Si bien algunos son comportamientos saludables y ayudan, otros son nocivos y y, sin embargo, los seguimos repitiendo. ¿Por qué? ¿Qué hace que repitamos lo mismo una y otra vez a sabiendas que no nos hace bien? Para el psicólogo clínico y forense , la explicación cómoda es que entramos en piloto automático y que el cerebro nos arrastra sin que podamos hacer nada. “Esta es una idea tranquilizadora, pero, en buena parte, es mentira”, asegura.
Según este especialista, más que preguntar por qué actuamos en modo automático habría que reflexionar si, en el fondo, es lo que elegimos e, incluso, lo que nuestro cerebro ha aprendido. “La pregunta es más incómoda: ¿y si muchas veces no estuviéramos en piloto automático, sino eligiendo, una y otra vez, ”, comenta Hildebrand. “Un hábito es una asociación entre un contexto y una respuesta que se dispara sola con un coste mental mínimo, y que se ha vuelto casi indiferente a si todavía quieres el resultado, como coger el móvil en cuanto notas el bolsillo vibrar, encenderse un cigarro al salir del portal o morderse una uña cuando lees un correo tenso. Son gestos, no decisiones y te descubres haciéndolos”, comenta.
Un patrón de comportamiento, en cambio, es otra cosa mucho más amplia. “Incluye emociones, pensamientos, motivos y, muchas veces, a otras personas. Volver con quien te hace daño no es un hábito, es un patrón donde conviven el apego, el miedo a la soledad, la recompensa intermitente, esos días buenos que lo justifican todo, y toda una biografía”, explica el experto. Llamar “hábito” a es como llamar “costumbre” a una herida que no cierra, según él: “Cabe en la misma frase, pero no es lo mismo, y tratarlo como un simple automatismo garantiza que no lo entiendes”.
El reciente estudio , publicado en la plataforma Open Science Framework y llevado a cabo por investigadores españoles, analizó los principales protocolos sobre la formación de hábitos en humanos, y ha concluido que estos protocolos presentan limitaciones para demostrar que los comportamientos observados están realmente guiados por hábitos automáticos y no por procesos deliberativos. “Los hábitos empiezan como decisiones conscientes, pero la repetición constante en un mismo contexto hace que el cerebro automatice progresivamente esa conducta”, explica a EL PAIS , psicólogo experto en neurociencia cognitiva y conductual y uno de los autores principales del estudio.
Aunque solemos pensar que muchos comportamientos son completamente automáticos, la evidencia científica sugiere que la frontera entre las decisiones conscientes y los hábitos es más difusa de lo que parece. “Cuando no tenemos suficientes recursos cognitivos para evaluar cuál es la mejor conducta o decisión, nuestro cerebro dispara lo que había hecho anteriormente, porque seguramente eso era lo correcto o lo recompensado. Esto permite una gran adaptación si los hábitos que tenemos consolidados son adaptativos, pues seguramente estén alineados con nuestras metas y objetivos en ese momento”, argumenta Martínez. “Son conductas que hemos realizado muy a menudo en el pasado y el sistema neurocognitivo que los sustenta es permeable, por lo que son respuestas que se activan dados ciertos contextos”, prosigue , psicólogo investigador en neurociencia cognitiva y otro de los autores de la investigación.
Además, destaca un matiz importante que se desprende de la investigación sobre hábitos del Open Science. “La idea del estudio de que no siempre lo que llamamos ‘hábito automático’ es realmente un hábito en sentido estricto es cierta. La neurociencia experimental nos recuerda que muchas de estas conductas repetidas pueden estar más guiadas por la búsqueda de alivio emocional inmediato que por una automatización genuina del comportamiento”, asevera Molina.
Cuando una persona dice: “Sé que esto me hace daño, pero lo sigo haciendo”, estamos simplificando demasiado lo que ocurre en el cerebro. “Solemos pensar que saber algo debería bastar para cambiarlo, pero el cerebro no funciona así. La persona sabe perfectamente lo que le conviene, pero el problema es que aquello que racionalmente considera importante compite con señales que el cerebro ha aprendido a etiquetar como muy relevantes. El conocimiento compite con sistemas mucho más antiguos y complejos relacionados con la recompensa, el alivio emocional y la supervivencia”, explica Molina.
Hildebrandt recuerda que entender y hacer viven en sitios distintos del cerebro. “El conocimiento de que algo es malo es información; la conducta se ejecuta en un sistema mucho más ligado a la emoción y a la recompensa, y ese sistema no lee informes. Entender por qué fumas , es decir, ese insight informa, pero no ejecuta”, espeta. “Además, el cerebro no distingue bien entre lo que te conviene y lo que te calma. Y en el momento decisivo casi siempre gana lo que te calma, no es un automatismo ciego, es un pulso entre dos relojes que marcan horas distintas”, expresa el experto.
“Los hábitos son más difíciles de controlar cuando estamos en situación de estrés, estamos cansados o tenemos que reaccionar muy rápidamente”, advierte Martínez. Y añade: “Son condiciones donde nuestros recursos cognitivos están disminuidos y eso hace que lo que se activa por defecto, que es el hábito, no lo podamos controlar”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
