A veces, las empresas no nacen de grandes ideas, sino de pequeñas decepciones. En el caso de Pelayo Pérez, la decepción apareció , frente a una máquina de café, unos bollos sin gracia y un zumo de brik. No parecía la mejor manera de arrancar el día. Al preguntar por una alternativa, el recepcionista de su hotel le habló de un pequeño café escondido en un callejón cercano. Allí probó por primera vez una granola casera. Años después, aquel desayuno acabaría teniendo nombre propio: .
Pérez venía del mundo de la hostelería y llevaba años intentando distintos emprendimientos. Había probado con bares de copas, restaurantes, proyectos de zumos, e incluso un hotel rural en el parque natural de Somiedo. “Empecé muchos proyectos. Algunos salieron y otros no, pero siempre me ha atraído el mundo de la restauración, la alimentación y la nutrición. Ese ha sido un poco mi hilo conductor”, resume.
La Newyorkina, su granola, nació lejos de Nueva York. En realidad, nació en pleno . Él es dueño del Per Sé, un café que por la noche se transforma en bar de copas. En la parte trasera tiene un pequeño obrador para tartas y postres. También hornos. Y eso, para alguien con espíritu emprendedor, fue una tentación difícil de ignorar. “Teníamos los hornos y decidí hacer una pequeña tirada”, cuenta, y añade: “Casi todas las primeras bolsas las regalamos. Las dimos a clientes para que nos dieran su opinión. A la gente le gustaba el producto, pero no sabía lo que era. Nunca habían oído hablar de la granola”, recuerda.
De aquello han pasado 10 años. La palabra todavía no sonaba en España. Pérez empezó a investigar. Entró en supermercados, observó lineales, probó distintos productos y se fijó en sus envases: “La reconocía la gente que había vivido fuera, estudiantes Erasmus o extranjeros”, cuenta. Era 2016 y la empezaba a convertirse en tema de conversación. Aunque el desayuno en España seguía girando alrededor del café, galletas, cereales industriales o tostadas, la gente cada vez empezaba a buscar productos con menos azúcar, más fibra y la sensación de estar cuidándose sin convertir cada mañana en una penitencia. Empezaba a asomar la cultura del brunch y el : “La alimentación saludable y el fitness eran cosa de cuatro locos. En otros países era muy habitual, pero en España no se sabía de qué hablábamos”, explica.
Buscó un nombre. La Newyorkina sonaba a viaje, a gran ciudad y a desayuno en otro idioma. La marca nacía en Oviedo con una receta hecha a base de avena, miel de Asturias y . Aquella mezcla de aspiración y origen local hablaba ya de la personalidad de esta granola. El siguiente paso fue diseñar el envase y Pérez tomó una decisión: si quería competir, el producto tenía que estar a la altura. “Incurrimos en un gasto importante, pero hicimos un envase muy chulo. En los primeros años, cuando todavía se elaboraban pocas bolsas, la gente se creía que era un proyecto mucho más gordo”. Y continúa: “Después desarrollamos la web, las redes sociales y empezamos a vender en tienditas pequeñas. También en algunas de Madrid y Barcelona que nos contactaban, pero los primeros años fueron muy flojos”.
El punto de inflexión llegó cuando se propuso entrar en Hipercor. Para una marca pequeña y todavía difícil de clasificar, aquella gran superficie era un espacio más abierto a productos especiales. No tenía ni idea de cómo hacerlo, así que empezó a tirar del hilo hasta dar con la central. “Quería presentar un producto de alimentación. Pasaban la llamada, pero nadie contestaba. Me dieron un correo y nadie respondía. Al revisar mi móvil, tenía las llamadas grabadas y eran 92. ¡Llamé a esa central 92 veces!”, cuenta entre risas. Y, por fin, un día alguien contestó. Él explicó que llamaba desde Asturias y el comprador acababa de pasar allí unos días de vacaciones. Aquello pareció abrir una pequeña ventana. “Me dijo que meterlo en la sección de cereales era complicado, porque éramos una marca muy pequeña, pero que había llamado en buen momento, ya que empezaba una feria de alimentación que se llamaba Sabores del Mundo y podíamos encajar”. El producto funcionó y fue de los más vendidos. Sin embargo, el comprador no veía la marca en el lineal de cereales. La dirigió hacia El Gourmet, de El Corte Inglés. “No fue un salto enorme de volumen, pero sí de visibilidad. Estar ahí hizo que otras de toda España empezaran a llamar. Fue el verdadero antes y después”, recuerda.
Mientras tanto, el obrador se quedaba pequeño y La Newyorkina necesitaba su propio espacio: “Alquilé una nave, compré hornos y contraté a un par de personas. La Newyorkina seguía siendo pequeña, pero ya no era un experimento”. En 2020, cuando parecía que la cosa empezaba a ir para adelante, llegó la pandemia, y todo se frenó en seco. La alimentación podía seguir funcionando. El obrador tenía licencia, los trabajadores podían acudir con permisos, mascarillas y turnos. Explotó el comercio online, las redes sociales ganaron peso [ cuentan con casi 13.000 seguidores] y la gente empezó a prestar más atención a lo que comía. La pandemia fue, para Pérez, toda una contradicción: “Mientras parte de mi negocio se congelaba y estábamos en ERTE, el obrador seguía encendido y La Newyorkina ampliaba”.
Tras nacer en un pequeño obrador y ganar legitimidad en tiendas gourmet, su producto buscaba su hueco en los supermercados. Había pasado del lineal aspiracional al carro de la compra, tras entrar en Carrefour y Alimerka y cerrar acuerdos en 2022 con Alcampo y Family Cash: “Decidí dar un salto, busqué una nave más grande y contraté más personal, porque nosotros queríamos hacer algo muy honesto, queríamos hacerlo todo desde el principio”. explica Pérez. Hoy, tiene más de 30 empleados y produce tres toneladas de granola al día. Cuenta con 13 variedades, vende en más de 20 países y se ha convertido en una de las referencias españolas más reconocibles dentro de una categoría que hace una década apenas existía en nuestro país. , la primera receta, sigue siendo la más vendida, pero su catálogo ha crecido con sabores más recientes, como chocolate y pistacho, propuestas ecológicas y colaboraciones con creadores de contenido que han ayudado a acercar la granola a nuevos públicos.
Porque La Newyorkina no es solo la historia de una empresa creada desde cero. Es también la historia de la transformación del desayuno. La de cómo empezamos a mirar etiquetas, a buscar productos más sanos, más saciantes y menos industriales sin renunciar al placer. Si le preguntan a Pelayo Pérez por su desayuno perfecto, habla de yogur griego, plátano, arándanos y granola original. Algo saciante, sencillo, con fruta y frutos secos. Tal vez ahí se entiende mejor la marca, no como un producto pensado para ocasiones especiales, sino como una manera de mejorar la primera comida del día.
Años después, volvió a Nueva York e intentó encontrar aquel café donde había probado por primera vez la granola casera. No dio con él. Quizá había cerrado, quizá recordaba mal la dirección. Pero ya no hacía falta encontrarlo. En su caso, aquel desayuno fortuito acabó convertido en una marca que factura 3,5 millones de euros. También en una palabra que, una década después, ya no necesita tantas explicaciones: granola.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
