Dos o tres meses de vacaciones son necesarios. Lo dijo un presidente de Estados Unidos, William Taft, en 1910: “Después del duro y agotador trabajo al que uno se somete entre el otoño y la primavera, [esos meses de descanso] son necesarios para poder continuar el trabajo al año siguiente con la energía y la eficacia que se merece”. Sus declaraciones propiciaron entonces un debate en sobre cuánto deberían durar las vacaciones. Y, aunque un siglo después, la polémica no está resuelta, la ciencia ha ido afinando cómo tienen que ser esos parones veraniegos para descansar y recuperarse bien. Según los expertos consultados, con vacaciones largas se adquiere más bienestar, y también se maximizan los beneficios del descanso si se incorpora actividad deportiva por el medio. Es importante también establecer buenas rutinas de sueño y alimentación, y que exista una desconexión psicológica real del trabajo para que el parón sea verdaderamente reparador.
Las pausas vacacionales son fundamentales para el bienestar físico y mental: se asocian con mayor satisfacción vital, mejor estado de ánimo y niveles de agotamiento tras las vacaciones más bajos. De hecho, un advierte de que el esfuerzo laboral sostenido durante varios meses sin interrupciones por vacaciones regulares “puede provocar una recuperación insuficiente y una acumulación de estrés, que puede derivar en problemas de salud física (enfermedades cardiovasculares) y mental (depresión, agotamiento) más graves”.
Beneficios duraderos
Este metaanálisis, publicado por investigadores de la Universidad de Georgia (EE UU) el año pasado, concluye que tomarse unas vacaciones produce una mejora significativa en el bienestar. Y, aunque estos efectos positivos pueden , se mantienen a niveles superiores a los de antes de empezar la pausa vacacional.
Cuánto tiempo de vacaciones es el idóneo para maximizar el bienestar también sigue a debate en la comunidad científica. Xavier Montero, miembro de la Sección Psicología del Trabajo y las Organizaciones del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, defiende que 10 días son suficientes para oxigenarse y avala fragmentar las pausas a lo largo del año en lugar de hacerlas todas de un tirón. “A nivel europeo, está el hábito de redistribución de vacaciones: siete o 10 días está bien, mejor que un mes”. Así se evita, dice, el “me estoy aburriendo”, que puede provocar “ansiedad por pensar que se están desaprovechando las vacaciones”.
Ryan D. Grant, autor del metaanálisis estadounidense, explica que su estudio no puede determinar un número exacto de días de vacaciones ideales. Sí concluyen, sin embargo, que “las vacaciones más largas proporcionan mayores beneficios para el bienestar, aunque luego la transición de vuelta al trabajo también puede ser más difícil”. En el metaanálisis, la duración media de las vacaciones fue de 12 días, “pero esto no debe interpretarse como una duración óptima”, matiza.
La importancia de desconectar
Sean como sean las vacaciones, una cosa en la que coinciden los expertos consultados es en la necesidad de desconectar psicológicamente del universo laboral. Esto implica no responder correos electrónicos, ni coger llamadas ni pensar siquiera en el trabajo. “Llegamos a las vacaciones después de un curso expuestos a estresores y tenemos que bajar el ritmo. Si no, será más fácil la rumiación con el trabajo y la conexión con los problemas del día a día”, apostilla Arturo Lecumberri, psicólogo clínico de la Clínica Universidad de Navarra (CUN).
“Nuestra interpretación es que las vacaciones pueden ser especialmente valiosas porque brindan una oportunidad prolongada para desconectarse mentalmente del trabajo. A diferencia de una tarde o un breve descanso, un período más largo fuera de casa puede permitir una desconexión más profunda y duradera”, conviene.
Para este reportaje, EL PAÍS contactó por correo electrónico con Jessica De Bloom, investigadora de la Universidad de Groninger, que lleva décadas estudiando el efecto de las vacaciones. La experta no estaba disponible, pero su respuesta automática al email es muy oportuna para el tema: “Actualmente estoy de vacaciones, disfrutando del tiempo libre y de la compañía de mis seres queridos. Debería decir que tendré acceso limitado al correo electrónico y que no podré responder hasta mi regreso, pero no es cierto. Mi trabajo está potencialmente en mi bolsillo y también tengo internet en mi terraza. Pero elijo no trabajar, porque las investigaciones demuestran que la desconexión mental es crucial para la salud y el bienestar. Las vacaciones y la distancia psicológica del trabajo pueden, de hecho, mejorar la flexibilidad mental”, dejó escrito.
Grant también da consejos para una desconexión efectiva: “Recomiendo activar un mensaje de fuera de la oficina y desactivar las notificaciones de correo electrónico en el teléfono para reducir la tentación de revisarlas”. Y más cosas: “Es importante destacar que esto también implica que sus compañeros de trabajo no se comuniquen con usted. Por eso, es fundamental establecer una cultura en la que no se moleste a los compañeros de vacaciones mediante comunicaciones electrónicas”.
Actividad física y rutinas
De Bloom enlazaba en su respuesta de 2021 en el que se destacaba que, “para aprovechar al máximo las vacaciones, es importante tanto abstenerse de trabajar como participar en actividades que fomenten la relajación y el placer”.
El qué se hace durante las vacaciones también es clave para optimizar los efectos positivos de la pausa: el metaanálisis destacó que presentaba una relación más fuerte con el bienestar y las actividades sociales también mostraban una correlación positiva moderada. Los autores defienden que el deporte, también en el contexto vacacional, ofrece beneficios fisiológicos y emocionales especialmente reparadores.
Lecumberri propone “establecer rutinas”, también en vacaciones: “Tener un buen hábito de sueño, mejorar la alimentación… También es un buen momento para cuidar relaciones sociales con las que hayas perdido el contacto. Es positivo hacer ejercicio, tener una vida activa y bajar la carga estimular, por ejemplo, reduciendo el uso de tecnología y zambulléndonos en un libro”.
Incógnitas
Alrededor del patrón de las vacaciones más saludables, hay todavía muchas incógnitas. Todavía no está claro si es mejor pasar las vacaciones en casa, viajar o hacer un modelo mixto. de De Bloom determinó que “los viajes de ocio pueden incrementar la creatividad al aliviar el estrés de los trabajadores, proporcionar experiencias diversas y aumentar las emociones positivas”.
El metaanálisis estadounidense también planteaba que viajar fuera de casa puede ser más beneficioso para el bienestar que quedarse en casa, pero Grant admite que hay pocos estudios sobre el tema: “Predeciría que vacacionar fuera de casa es mejor, ya que facilita la desconexión mental, pero coincido en que la logística de planificar unas vacaciones fuera de casa también puede ser estresante”, conviene.
El psicólogo de la CUN pone el foco también en un problema que puede surgir en las vacaciones: el cansancio emocional, el agotamiento. A causa de estar sometidos durante el curso a intensos estresores, cuya carga se va acumulando, al disminuir las exigencias diarias, pueden aflorar síntomas de apatía o irritabilidad que habían permanecido en segundo plano.
Cambios progresivos
Montero enfatiza, en cualquier caso, que es “muy importante primar la planificación” para hacer un tránsito progresivo tanto de entrada en vacaciones como de salida. Coincide Lecumberri: “Nuestro sistema emocional tiende a la homeostasis y le cuesta hacer cambios. Así que, cuando hay que hacer alguno, mejor siempre progresivo que de sopetón”. La ida, como la vuelta, mejor poco a poco.
Coincide Grant: “Lo que sugiero en general, pero especialmente si se toman vacaciones más largas, es dejar un margen de uno o dos días entre el regreso a las vacaciones y la vuelta al trabajo para evitar la marcada disminución del bienestar asociada a unas vacaciones prolongadas tras la reincorporación laboral”.
Según sus hallazgos, un retorno gradual al trabajo parece la mejor opción. No es buena idea zambullirse en el estrés laboral de golpe. Un consejo: “No esperes responder a todos los correos electrónicos pendientes a tu regreso. En su lugar, revisa algunos, pero tómatelo con calma y acepta que necesitas tiempo para retomar el ritmo”, subraya el científico.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
