Delgado orientó su carrera hacia la investigación clínica a través de la nutrición y hoy colabora con gastroenterólogos y pediatras para estudiar . Buena parte de su trabajo se centra en la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV), una de las más frecuentes en la infancia. Acaba de participar en , en el Palacio de La Magdalena de Santander, donde abordó el papel del microbioma humano, el conjunto de genes de esos microorganismos y su interacción con el entorno.
Pregunta. ¿Qué relación existe entre la microbiota y la alergia a la proteína de la leche de vaca en los lactantes?
Respuesta. No sabemos si fue antes el huevo o la gallina: si una microbiota alterada favorece la alergia o al contrario. Es muy difícil estudiarlo porque, en cuanto comienzan con síntomas, la leche se sustituye por fórmulas hidrolizadas [menos alergénicas], pero hemos obtenido resultados muy interesantes.
P. Insiste en que hay que diferenciar estas alergias de .
R. No tienen nada que ver. La alergia es una reacción inmunitaria frente a proteínas de la leche, mientras que la intolerancia es un problema digestivo por falta de lactasa, la enzima que hidroliza la lactosa [un azúcar de la leche], y suele darse en la edad adulta. Es habitual que en los colegios las confundan y den a niños con APLV yogures sin lactosa.
P. También ha recalcado la importancia de los 1.000 primeros días de vida. ¿Qué ocurre en ese periodo y qué papel juega la microbiota de la leche materna?
R. Es un periodo crítico, que comprende los dos o tres primeros años, durante el que se establece la microbiota , la familia y el entorno. Por eso ahora se favorece que los recién nacidos hospitalizados permanezcan más tiempo piel con piel con sus padres. La leche materna contiene oligosacáridos que alimentan a las bifidobacterias, muy abundantes en los primeros meses; las fórmulas infantiles solo incorporan algunos, sin alcanzar su complejidad. Su composición varía además entre mujeres, etnias o regiones geográficas, lo que la convierte en un factor clave de esa colonización inicial.
P. Aunque la más conocida es la del sistema digestivo, ¿qué relación tiene la microbiota con los sistemas nervioso y endocrino?
R. Es una relación bidireccional. Por un lado, la microbiota produce neurotransmisores, como la serotonina o el GABA, que actúan sobre el sistema nervioso. Por otro lado, nuestras hormonas modifican la microbiota, al tiempo que algunas bacterias , tanto las del propio organismo como las que tomamos desde el exterior. Por eso, por ejemplo, dos mujeres pueden responder de forma distinta al mismo tratamiento hormonal para la menopausia. Sin embargo, aún no entendemos bien esas interacciones.
P. ¿Determina esa microbiota inicial la que tendremos de adultos?
R. Una vez que esas comunidades microbianas se asientan, es difícil modificarlas, salvo en situaciones como tratamientos prolongados con antibióticos. Por eso los primeros años son tan importantes: esa microbiota, que interacciona constantemente con nuestras células, será la base de la que tendremos de adultos, junto con la genética y el entorno. Además, es en ese periodo cuando se establecen las bases de muchas enfermedades con componente inmunitario que pueden manifestarse años después.
Si llevas una dieta variada, haces ejercicio, y mantienes un estilo de vida saludable, tu microbiota también lo será. El estrés, el sedentarismo, la alimentación o los ciclos de sueño influyen en ella, igual que ella influye sobre nuestra salud. Para tener una microbiota saludable, tienes que tener .
P. ¿Tiene sentido cuando nos recetan un antibiótico?
R. Desde mi punto de vista, no durante el tratamiento. Pueden tener más sentido después, tras tratamientos prolongados o infecciones recurrentes, para ayudar a restaurar ese equilibrio y dificultar que proliferen bacterias resistentes. Es como un incendio forestal: el antibiótico arrasa con gran parte del ecosistema y el probiótico intenta “sembrarlo” de nuevo. Pero esa recuperación lleva tiempo; no se consigue en un solo día.
Tampoco son necesarios para todo el mundo; si tomas un antibiótico unos días por una infección de garganta, un probiótico te va a aportar poco. Además, también pueden obtenerse bacterias beneficiosas mediante alimentos fermentados, como encurtidos, yogures o quesos. En todo caso, los probióticos son complementos alimenticios, no medicamentos, y su regulación es menos estricta. Habría que ver si el producto que compras contiene realmente lo que indica la etiqueta.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
