“¿El sol? Me daba igual. Los atardeceres se volvieron indiferentes. Incluso admirar mi cuerpo recién delgado en el espejo resultaba un poco aburrido. Me arrebató mi habitual optimismo”, escribió la periodista Katie Glass contando su experiencia con Ozempic en abril para . “Sí, perdí un par de kilos en pocos meses, pero también perdí mi vida social”, aseguraba en el artículo, en el que también explicaba que para ella el 90% de la socialización se basaba en comer. “¿Qué atractivo tiene salir a ver a otros disfrutar de una cena de tres tiempos cuando uno ya está lleno después del entrante? Al final, uno empieza a preguntarse si merece la pena salir de casa”, reflexionaba.
No se trata de una depresión, aseguran varios testimonios; al contrario, es como si quienes la tienen no experimentaran ninguna emoción. Sufren de o interesarse por las actividades que antes resultaban gratificantes y que está asociada a alteraciones en el sistema de recompensa del cerebro. “Es como sentirse meh”, aseguraba la dietista Summer Kessel en su sobre su experiencia con un . “Pierdes un poco la chispa de la vida. No sientes emoción por nada. Pierdes la emoción que da comer saludable, ir al gym, hacer las actividades que amas”, explicaba sobre la anhedonia. “Siento que me siento meh respecto al ejercicio y es mi pasión más grande en el mundo. Me estoy saltando mis entrenamientos por la mañana más de lo usual”, decía, añadiendo que sí, come poco, pero ahora se conforma con un plato pequeño de cereal con leche, cuando antes disfrutaba comer su porción de pollo y verduras.
En plataformas como cientos de personas han comentado sobre este efecto. “Tengo poca pasión por todo, soy muy monótona y no tengo entusiasmo. Si me dan buenas noticias, respondo con okey. Las cosas que disfrutaba ahora parecen una tarea, incluyendo relaciones, deportes, trabajo, tiempo en familia, etc. ¿A alguien le cambió la personalidad?“, pregunta un usuario en la red social. Entre los comentarios hay cientos de historias de personas que han dejado a sus parejas, otras que dejaron de frecuentar a sus amistades, que dejaron de leer y de ver su serie favorita, o que incluso ya no pueden ni quedar con una amiga a tomar un café porque después de un sorbo no quieren más. “Me siento como un zombie, estoy irritada, triste, como si me hubiera quitado toda la dopamina o serotonina. Sigo buscando información y creo que no hay suficientes estudios, o encuentro cosas que dicen que aumenta la dopamina y otras que dicen que no. No tengo motivación para nada, tengo que obligarme hasta para cocinar. Después del trabajo me quedo en la cama y me está afectando la vida. Además, no tengo ganas de ver a nadie. Ugh”, comenta otra persona.
Una teoría de este efecto secundario del medicamento que se sigue estudiando es que, así como ayuda a reducir el “ruido de comida”, también reduce las ganas de hacer otras actividades que despertaban el mismo placer que la comida. Incluso hay personas que aseguran que fármacos como el Mounjaro, por el mismo motivo, sorpresivamente les han ayudado a .
Mientras algunas personas aseguran que y han abandonado el medicamento, otras se conforman con tal de seguir bajando de talla. Pero sociólogas y autoras feministas consideran que . Como escribe la autora estadounidense Naomi Wolf en su libro El mito de la belleza: “Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres, está obsesionada con la obediencia de estas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
